Cuando Rosalía Iglesias entra en prisión no parecen existir en su vida características vitales vulnerables, no procede de un entorno marginal. Lo hace por un delito económico de cuello blanco, siendo una persona de un estatus privilegiado con alto poder económico y relevancia social, en un entorno familiar en el que existe una gran cercanía psicológica a otros miembros procesados y esto produce una erosión gradual de los criterios éticos que normalizan este tipo de conducta y por lo tanto no se percibe a sí misma como una delincuente. Su entrada a prisión puede ser percibida como una gran injusticia y causa en general un gran impacto.
Este tipo de delitos suelen cometerlos personas con un punto narcisista y egocéntricas, con una moral de frontera que los distancia de las posibles víctimas y no se producen sentimientos de culpabilidad ni interiorización del delito porque suele ser menor el rechazo social.
Todas las personas que ingresan en prisión por primera vez sufren un fenómeno llamado prisionalización que es el proceso por el que una persona asume inconscientemente el código de conducta y valores de la subcultura carcelaria. Este proceso en los delincuentes económicos suele ser leve y mantienen las conductas prosociales rehusando integrarse en el colectivo. Pueden incluso darse actitudes de rebeldía en la asunción de normas por la vivencia de sentirse inmunes y por encima de la ley. Una desrealización respecto al entorno o sensación de que todo es un sueño o una película provocan las primeras experiencias angustiosas y perturbadoras cuando se ingresa. La ansiedad ante lo desconocido, la despersonalización (se pierde parte de la identidad, se te asigna un número), la pérdida de la intimidad por la convivencia forzosa con otras internas incrementa la desconfianza y la falta de control de tu propia vida, que para una persona acostumbrada a tomar decisiones, provoca una gran frustración.
Pueden aparecer trastornos de estado de ánimo y sentimientos de soledad por la percepción de no estar en el lugar correcto. También trastornos del sueño por la sensación subjetiva del paso del tiempo y la hípervigilancia, así como los llamados trastornos adaptativos en los se produzcan bloqueos y lagunas amnésicos, dificultades en la concentración o ideas recurrentes sobre la salida y sobre el tiempo perdido. Asimismo se produce un decremento en la autoestima relacionado con la «vergüenza social» por ser casos muy mediáticos y puede desencadenar una cadena de recciones y distorsiones afectivas, cognitivas emocionales y perceptivas que dependiendo de su personalidad y la duración de la condena, desemboquen en una depresión e incluso puedan llegar al estrés postraumático.
El real decreto 190/1996, que desarrolla la Ley Orgánica General Penitenciaria, establece que una vez que se entra en prisión debe elaborarse un programa individual de tratamiento (PIT) que en este caso deberá contemplar un programa de pensamiento prosocial enfocado a la resolución de conflictos y al control emocional.