Trump no será presidente, ¿o sí?


A unos días de las elecciones del 3 de noviembre es imposible afirmar quién será el próximo presidente de Estados Unidos. No es fácil encontrar elementos objetivos que permitan afirmar que lo será Trump, pero tampoco es fácil encontrar avezados analistas que se atrevan a apostar por Biden.

Todas las encuestas sitúan a Biden con una holgada ventaja en voto popular sobre Trump desde hace meses y no parece que nada pueda revertir ya esa tendencia. Sin embargo, lo importante no es conseguir más votos en todo el país, sino conseguir más representantes en el Colegio Electoral -que se lo digan a Hillary Clinton, que perdió las elecciones habiendo conseguido casi tres millones de votos más que Trump-. Aquí es donde todas las encuestas se pueden venir abajo -como en el 2016-, porque la diferencia entre Trump y Biden es muy ajustada en varios estados clave, como Florida (29), Pensilvania (20), Míchigan (16), Carolina del Norte (15), Arizona (11) o Wisconsin (10). Solo estos seis estados suponen 101 electores de los 270 necesarios para ser presidente. Las encuestas le dan a Biden una ventaja similar a la que tenía Hillary Clinton en el 2016, y finalmente los acabó perdiendo todos.

Ahora bien, estados como Pensilvania, Wisconsin, Míchigan, Nebraska (5), Georgia (16), Iowa (6) o Texas (38) muestran tendencias de apoyo creciente a Biden con las que no contaba Hillary, y suponen 111 electores. Los demócratas aprendieron la lección y no se fían de las encuestas. La jefa de campaña, Jennifer O´Malley, afirmó que debían trabajar como si fueran perdiendo. El propio Obama recordó que las encuestas no les sirvieron para nada en el 2016.

Biden es un buen mal candidato. En condiciones normales, alguien como él, sin carisma, con problemas de comunicación e imagen de debilidad, no tendría muchas posibilidades. Sin embargo, también transmite una imagen de moderación, de cercanía y de experiencia que le conecta con muchos ciudadanos abatidos por la pandemia y con otros decepcionados con Trump. Biden es un mal candidato con algunas virtudes que cobran fuerza gracias a Trump y al coronavirus. Sus tragedias familiares y su origen humilde refuerzan su perfil, que adquiere un valor añadido frente a un histrión como Trump, penalizado por su gestión de la pandemia y por la entrada en recesión de la economía, que sin duda le pasarán factura. Los mensajes de unión para una América dividida y de estabilidad para una América abatida pueden hacer el resto. Pero la experiencia del 2016 hace que sea imposible hacer predicciones. ¿Vencerá Trump a Biden? Si venció al coronavirus…

Por Jorge Quindimil Profesor de Derecho Internacional Público. Universidade da Coruña

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