La «derechita cobarde» es Vox

César Casal González
césar casal CORAZONADAS

OPINIÓN

Sebastián Mariscal | EFE

20 oct 2020 . Actualizado a las 05:00 h.

Vox acostumbra a calificar a Pablo Casado como «derechita cobarde» y se equivoca. Nada es más cobarde para este país que presentar una moción de censura contra el gobierno que no va a ir a ninguna parte en plena pandemia, con todos sufriendo y por sufrir unas consecuencias que aún nadie se atreve a medir. A los miembros de Vox les encanta hablar de Patria, con mayúsculas, no del libro ni de la serie del mismo nombre. No. Ellos hablan de la Patria, con versal, española, de la que quieren ser su máxima (y ¿única?) esencia, pero el daño que le hacen, que nos hacen, con esta parodia de censura, se lo causan a esa España que tanto ensalzan. Durante dos días haremos el ridículo en todo el continente. Causaremos horror en nuestros supuestos aliados europeos, para que Santiago Abascal, en su inmodestia, crea que él es el Santiago que abre y cierra España. Con reflejos, Pedro Sánchez avisó a Pablo Casado de que Vox había presentado una moción de censura contra él, que se enterase bien. Y, en efecto, así es. El que lleva las de perder es Pablo Casado que sufrirá en su tibieza las iras de ambos lados. Al prescindir de Cayetana, se ha quedado sin defensa ante el avance de Vox. Con el riesgo de convertirse en una UCD que degenere en un CDS. Vox perjudicará durante dos días a los que aspiramos a salir de esta lo menos dañados, dentro de lo imposible. Convertir una vez más el Congreso en una corrala de comedias (o de tragedias) es un flaco favor de Vox a los ciudadanos. Horas y horas de discursos histéricos, que no históricos. Una condena de bostezos. Todo para seguir acaparando votos por la derecha más extrema. Sánchez, teórico objetivo de la moción, va a disfrutarla. Le puede decir a Casado, lo de francamente, querido, me importa un bledo. Los políticos españoles se están convirtiendo, como ha subrayado algún intelectual nada sospechoso, en veneno social. No nos sacan del problema, sino que lanzan paladas de estériles palabras encima de nosotros, para terminar de enterrarnos en el hoyo. Habrá cruces salvajes de acusaciones, salvas de absurdos. Cada uno reirá los chistes de su jefe de filas. Cada uno aplaudirá al que lo mantiene en el escaño, y todos olvidarán que somos nosotros quienes les pagamos la nómina, una nómina hipertrofiada que deberían haberse recortado, como ha sucedido en las empresas, si tuviesen un mínimo de decencia. Seguimos en el cuadro de Goya, a palos. No se han dado cuenta de que otra política es posible, más allá de embarrar el piso y del ego descomunal de líderes como Abascal. Señorías, maduren.