Confundidos

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Dice Trump que sí, que la pandemia ha producido doscientas mil muertes en Estados Unidos, pero que hubieran sobrepasado el millón si no fuera por él. Bien, nada especial, el habitual tono chulesco al que nos tiene acostumbrados. Como es lógico, allí y aquí los progresistas ridiculizaron el planteamiento. Los de aquí, por lo que se ve, ya no recordaban que Pedro Sánchez se había manifestado en términos parecidos, pero todavía más desproporcionados. Reconocía cerca de treinta mil muertes y se vanagloriaba de haber evitado cuatrocientas mil. La derecha, claro, se rio mucho del asunto. Como si se cumpliera aquella vieja maldición, «¡Que Dios los confunda!», parecemos atontados, lelos, confundidos.

Eso o que, ahora sí, se haya producido la alineación de astros a la que se refería Leire Pajín (¿la recuerdan?) hace ya diez años. Al menos, en cuanto a la pandemia. Porque los progresistas americanos atacan a Trump -y no solo en este asunto grotesco del número de muertos y salvados- por las mismas razones que la derecha ataca aquí a Pedro Sánchez. La mesiánica conjunción planetaria consistía, quizá, en eso y estaba por venir: Sánchez y Trump en vez de Obama y Zapatero. Ambas duplas se parecen también en otra cosa: Trump no quiere hablar con Sánchez y Obama evitaba a Zapatero.

Con semejante confusión, no me extraña que Castells anuncie que este mundo se acaba. Ni que en Francia haya aumentado la prostitución infantil un treinta por ciento en un año. Ni que la jefa de la policía británica vincule la mayor violencia de los jóvenes con la falta de la figura paterna en cada vez más hogares. Ni que hayan muerto más de treinta en las protestas contra la muerte de uno. Ni que…

@pacosanchez

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