Tenemos que plantearnos exigir responsabilidades por las muertes que en la lucha contra la pandemia pudieron evitarse y no se evitaron. Porque no hay que ser grandes sabios ni científicos para saber que los retrasos intencionados, las malas decisiones y los intereses personales y políticos se han llevado por delante las vidas de un buen número de ciudadanos que, con una gestión menos interesada y obscena, seguirían con nosotros.
Creíamos que no podía superarse la desafortunada gestión inicial de la crisis del coronavirus y ya vemos que se rebasa día tras día. España es el ejemplo de lo que no debe hacerse. El mundo nos mira sorprendido porque somos incapaces de frenar los contagios; las muertes se disparan, se nos ha ido de las manos la ocupación hospitalaria, las uci están a punto de colapsar, donde no lo están ya, y redujimos la capacidad de realizar PCR.
Un absoluto desastre.
Y en este desolador panorama vemos como quienes tienen en sus manos la gestión y las decisiones están en otras batallas. En las de no ceder en sus planteamientos empecinados, ni otorgar al adversario una mínima concesión, repitiendo una y otra vez los errores del otro, sin tomar medidas que pueden ser antipopulares, rechazando ayuda y coordinación y siempre mirando por los réditos electorales. A cuenta de ir sumando víctimas y de dejar por el camino vidas que podían haberse salvado.
Lo acontecido en los últimos tiempos en nuestra tierra patria demuestra bien a las claras la insensatez y falta de altura para sacarnos del pozo de los dirigentes que nos hemos dado. Estamos batiendo récords frente a otros países, por ejemplo, Italia, que afronta la situación con más rigor.
La trifulca entre los gobiernos de Pedro Sánchez y Díaz Ayuso es un capítulo más de este disparate. Es tan incomprensible como intolerable. Porque mientras la mantenían, mientras peleaban por imponer sus posturas; mientras decidían quien daba el primer paso, continuaba creciendo las listas de fallecidos y contagiados.
Y esto no solo ocurre en Madrid; aconteció en esta lucha contra el virus desde el primer momento y en todos los lugares. Por eso debemos exigir que respondan y asuman responsabilidades. Por supeditar nuestras vidas a batallas políticas y a sus intereses personales y electorales.