Acomodarse, adaptarse, es un proceso que existe ampliamente en la naturaleza y que generalmente conlleva un mecanismo defensivo, aunque no siempre las consecuencias de dicha adaptación sean positivas. Utilizando como símil un proceso biológico tan complicado como es el trasplante de órganos, en donde nuestro cuerpo debe aceptar un órgano con diferente identidad inmunológica, la adaptación juega un importante papel. En una primera fase, ante algo extraño nuestro sistema inmunitario pone en marcha una cascada de acontecimientos de rechazo agudo que conlleva la destrucción del órgano injertado. Aquí no hay acomodación posible, a menos que un tratamiento adecuado bloquee el sistema inmunológico del huésped.
Trasladado dicho ejemplo a la vida social, ante hechos sociales graves y si la política no actúa de forma rápida hay peligro de inestabilidad y cambios, con todas sus consecuencias positivas o negativas. El avance terapéutico, al igual que una política inteligente, ha superado este cataclismo inicial en el mundo desarrollado y el injerto entra en un período estable, pero larvadamente se puede instaurar un rechazo crónico con un lento y progresivo deterioro de la función que puede durar años. Uno de los factores que toman parte en este período es la acomodación del órgano a una nueva situación. Este hecho es parangonable con la situación también patológica en nuestra política. Acabo de leer que un juez ha dictado en un auto que «existe una correlación objetiva, subjetiva y temporal entre los contratos públicos y las entregas de dinero al PP», hecho gravísimo. Supongo que esto tendrá un recorrido y se descubrirá toda la verdad, a menos que la sociedad y la política se hayan acomodado. El lado negativo de dicha acomodación es que al mirar por la ventana nos hemos acomodado en nuestros sillones y no somos críticos con la situación. Estos acontecimientos en cualquier democracia estable, sobre todo la injerencia política en el poder judicial, supondría el fin de la democracia.
El órgano trasplantado, la sociedad, se acomoda pero funciona mal, al final se pierde y a un alto coste.