Kitchen, pura mafia

E. Parra. POOL

El Ministerio del Interior del Gobierno de Rajoy montó un operativo parapolicial pagado con fondos reservados para espiar a Bárcenas, robar las pruebas comprometedoras que guardaba sobre la caja B del partido y destruirlas. En esta trama participaron un chófer captado a golpe de billetes al que se premió con un puesto en la policía, que aún mantiene; un cura falso que se hizo pasar por loco; al menos 71 policías que siguieron a la mujer del extesorero; e incluso, según algunas fuentes, agentes del CNI. No se trata de una novela o una serie televisiva, sino de hechos puestos negro sobre blanco en autos judiciales y escritos de la Fiscalía Anticorrupción. No estamos ya en la pantalla de la financiación ilegal, sino en otra mucho peor, el uso de recursos del Estado en beneficio propio. Bajo la supervisión del comisario Villarejo, un personaje siniestro capaz de llevar a cabo todo tipo de trabajos sucios. La jerga de la operación Kitchen es propia de los bajos fondos: el Barbas, el Polla, la Pequeñita, el Gordo o la Cospe. Y falta lo más importante para un buen relato de mafiosos: un exsecretario de Seguridad, Martínez, dispuesto a cantar la Traviata porque se siente abandonado por los que llama «miserables». A saber, el exministro de Interior Fernández Díaz, la que fuera secretaria general, Cospedal -cuyas imputaciones pide la fiscalía-, y Mariano Rajoy, quien, según la policía, conocía la operación. La actual cúpula argumenta que es un caso del pasado, que este es un nuevo PP. Ya he perdido la cuenta: ¿cuántos PP hay, en qué se diferencian unos de otros, cada cuánto tiempo muta y por qué? ¿Aznar, Rajoy, Casado y Cospedal pertenecen al mismo partido? A Casado no le pidan explicaciones, era un simple diputado por Ávila... O no.

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