Fusiones: 20.000 poderosas razones


La anunciada fusión entre CaixaBank y Bankia es un movimiento relevante en el mapa del sistema financiero español, dada la dimensión que alcanzará la nueva institución. La operación abre la veda a un proceso de racionalización bancaria, auspiciado y jaleado por Banco de España, el BCE y el Ministerio de Economía. Todos llevan tiempo incitando a las principales entidades financieras a una nueva etapa de reestructuración. Argumentan que, pese a un costoso rescate público y mejores mecanismos de control, la situación dista mucho de ser sosegada. La pandemia perjudica sensiblemente a un negocio bancario malherido por la persistencia de la política monetaria de bajos tipos de interés.

Se opera con márgenes muy estrechos, sin que el aumento de comisiones detenga la caída de rentabilidad. Un contexto complejo que exige mejoras de eficiencia. Acelerados los procesos de digitalización y ajuste en plantillas y redes de oficinas, la fusión de entidades emerge como remedio de urgencia. El movimiento era pues esperado, aunque se desconocían sus protagonistas. Al final emergió la solución menos compleja, dado el dominio de CriteriaCaixa y del FROB en la base accionarial de las dos entidades. Convergen el interés en recuperar el máximo posible del capital público comprometido con la búsqueda de sinergias y complementariedades territoriales en el mercado hipotecario y el negocio de la banca particular. Por el camino se diluye la pretensión de promover una banca pública, que era poco compatible con las condiciones impuestas por la Troika.

Más de 20.000 millones del rescate siguen pendientes de retorno por Bankia, una cifra similar a la pérdida del valor de mercado de la participación pública. Tras la fusión, se abre la puerta a recuperar en el futuro parte del hachazo recibido, por la vía de la venta accionarial o la irrupción de un nuevo socio financiero. A cambio, CaixaBank se beneficiará de una participación adquirida muy por debajo del valor en libros. Poderoso caballero es don dinero.

Aprovechar sinergias para ahorrar costes exige racionalizar estructuras, de modo que una nueva fase de ajuste de plantillas y espacios se avecina. La reacción de los principales competidores no será inminente, dado el escenario económico adverso y el estropicio de su expansión internacional reciente. Pero la reactivación económica difícilmente reducirá la morosidad de familias y empresas cuando finalicen las moratorias de impuestos, costes hipotecarios o pago de servicios. Al baile de cortejo se añadirán nuevos actores de la banca mediana e incluso alguna pieza mayor, como el Sabadell.

Por Josep Lladós Profesor de Economía de la UOC

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