Así estamos a 17 de agosto

Rubén Santamarta Vicente
rubén santamarta PAISANAJE

OPINIÓN

Superado el puente de todos los puentes, entre foguetes y fiestas del agua, procesiones y enchentas familiares, La Voz de Galicia amanecía un 17 de agosto del 2019: «La menor oferta de pisos eleva un 20 % el precio de los alquileres en Galicia». Un año antes, en el 2018, la cosa iba así: «Los consumidores gallegos lideran las reclamaciones a las compañías eléctricas». Y tirando un poco más atrás, este era el asunto: «El sector turístico gallego quiere abandonar el bajo coste y subir los precios». Paisaje de un mes de agosto cualquiera, con pequeños desvelos estivales.

 Este año, superando un puente festivo en el que nadie ha reparado -ni lo había, ni se podía festejar-, Galicia enfila la tercera semana de agosto cercada por rebrotes, moviéndose peligrosamente entre la racionalidad («esto pasará», como cuando se mira a un cielo negro y se proclama «esto abre») y la paranoia («¡no toques nada!», como si el bicho estuviera agazapado esperando al roce de la epidermis). Y entre asuntos en las terrazas donde se obvia que este agosto vuelve a llover. Porque hay otras urgencias.

Por partes. No hay certeza alguna sobre cómo van a empezar los chavales las clases -¿presencialmente? ¿seguro?-, como si en estos días nos obligaran a replantearlo todo. Más: se ignora el paradero, y quién asume la factura, del que fue jefe de Estado durante 40 años, y que se ha ido por la puerta de atrás. Sigamos: se desconoce aún en qué división va a jugar el equipo con mayor masa social de Galicia. Y acabemos: no se ha medido aún el derrumbe económico que se espera cuando pase el efecto estival que anestesia las ansiedades.

Y si aún les queda tiempo, no pierdan de vista esta paradoja: aquí, el Gobierno de la Xunta, cinco semanas después de revalidar su mayoría, sigue en funciones. La burocracia y el calendario institucional siguen sin entender de urgencias.