La gran mentira del coronavirus

Ernesto Sánchez Pombo
Ernesto S. Pombo EL REINO DE LA LLUVIA

OPINIÓN

FEHIM DEMIR | Efe

Las nuevas limitaciones con cierre de ocio nocturno y restricciones en aforos y reuniones, en A Coruña y parte de su comarca, nos hacen regresar al pasado. A un tiempo que creíamos ya superado y al que temíamos volver, pero los 444 casos activos de ayer y el riesgo de una transmisión comunitaria del coronavirus llevan a las autoridades sanitarias a dar una vuelta de tuerca a la situación.

Quienes deberían hacerlo no se ponen de acuerdo en si los focos activos que padecemos son rebrotes o la tan anunciada segunda oleada. Que no es tan importante porque lo que debe preocuparnos es por qué regresamos al pasado y en qué condiciones afrontamos esta etapa que tenemos por delante.

El anuncio de las nuevas restricciones en Galicia coincide con la solicitud de destacados científicos de una auditoría para determinar qué ha fallado en el primer brote, para tratar de corregir estas deficiencias en el futuro. Y uno, que es especialista en nada, pide también que se investigue de paso cómo es posible que después de lo que vivimos, y en el país más restrictivo del mundo moderno, hayamos vuelto al ayer tan pronto.

Aceptamos que en marzo nos sorprendió un virus llegado de la otra parte del mundo, nos negamos verlo y cuando nos enteramos de que lo teníamos encima hicimos una gestión calamitosa. Por no saber no supimos ni contar los muertos que iba dejando. Podríamos ser generosos y justificarlo por la sorpresa e inexperiencia.

Pero ahora, cuando llama a la puerta una segunda ola, si no está dentro ya, ¿en qué mejoramos? ¿De qué nos ha servido la experiencia anterior? ¿Y el dolor de ver desaparecer a más de 45.000 familiares y amigos? ¿Aprendimos algo de los errores cometidos?

No son solo el ocio nocturno y las residencias. Son también los que se mofan de las normas dictadas. Los que se jactan de incumplirlas. Los que campan a sus anchas. Vamos a entrar, si no estamos ya, en otros meses de especial virulencia del virus. Y lo hacemos, medio año después, sin haber puesto remedio y sin haber aprendido de los errores. Y lo peor, conviviendo con una legión de ignorantes, tercos y empecinados que se creen lo que les dijo el erudito Miguel Bosé de que el coronavirus es una gran mentira. Y así estamos.