Votar es decidir


Este cronista no escribió ni una línea de las elecciones gallegas -tampoco de las vascas- durante toda la campaña electoral. Hubo motivos para escribir y comentar, pero entiende que durante esas dos semanas deben hablar los candidatos y sus apoyos, y quienes tenemos el privilegio de tener un altavoz tenemos, al mismo tiempo, la obligación de la neutralidad. Y no hay mejor neutralidad que el silencio. Si escribo hoy, día de reflexión, no es para opinar de ningún partido ni de ningún candidato, Dios me libre. Es para combatir la abstención. Es para pediros que votéis. A quien queráis, a quien consideréis el mejor o la mejor, pero que acudáis a votar. Y lo hago por miedo a que suceda lo que acaba de ocurrir en la segunda vuelta de las elecciones municipales francesas: que más de la mitad del electorado, el 60 %, optó por quedarse en casa. Desconozco las razones. Pueden ser una mezcla de cansancio, de repudio a la clase política local, de intención de castigo a los partidos, de sensación de que no se jugaba nada, o por miedo a los contagios, como pernicioso fruto político de la pandemia del coronavirus.

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