La justicia racial pesa en el programa electoral de EE.UU.


De acuerdo con Mapping Police Violence, encargada de dar seguimiento a los excesos y brutalidad de las fuerzas policiales en la Unión Americana, los negros son más susceptibles de ser asesinados por la policía estadounidense. En el 2019 la policía norteamericana mató a 1.099 personas, fundamentalmente ensañándose con las de raza negra. En ocho ciudades existe una mayor propensión a excederse por las fuerzas policiales: Reno, Oklahoma, Santa Anna, Anaheim, San Louis, Scottsdale, Hialeah y Madison. Su tasa de homicidios perpetrados por miembros de las fuerzas del orden contra personas de raza negra se sitúa por encima de la media del país, que en el 2018 fue de 5 asesinatos por cada 100.000 habitantes. El proyecto The Counted, del periódico británico The Guardian, denuncia que desde el 2015 se han duplicado las muertes de negros perpetradas por agentes de la ley. Implica que los asesinatos policiales por millón de habitantes a nivel nacional se corresponden con 7,27 personas afroamericanas muertas, a las que seguirían las brutalidades cometidas contra los hispanos, con 3,51 muertes por cada millón de habitantes.

El analista de Mauldin Economics, Patrick Watson habla de un problema endémico racial en Estados Unidos, donde se vive bajo presión. La mayoría de la sociedad norteamericana es pacífica y tolerante. Buena parte de ella teme hablar abiertamente con los seguidores de Trump, que si bien no es el culpable de las problemas raciales en Estados Unidos sí ha contribuido a recrudecerlos con su lenguaje, mensajes y actitudes.

¿Retrocedemos como sociedad global en nuestros derechos y valores al atacar a la libertad de expresión, a la prensa y a los inmigrantes? En opinión del analista norteamericano, Trump y sus seguidores idealizan una visión de la sociedad de 1950 que nunca existió. En ella los hombres blancos prosperaban y tenían a las minorías bajo control

Como recoge Watson, en pleno año 2020, la libertad está siendo gravemente amenazada por los populismos, las ideologías extremistas y también por líderes demagogos como Trump, Bolsonaro, Orban y otros que usan «su poder para dividir y conquistar».

En estos momentos, el resultado electoral para las presidenciales del 3 de noviembre está en el aire, con una ciudadanía gravemente afectada por el paso de la pandemia del coronavirus, la caída de la economía, la destrucción del empleo y la ira de millones de personas que han salido a protestar contra la brutalidad policial norteamericana usando a George Floyd como la punta visible de ese clamor. Detrás de él, lamentablemente, hubo cientos de asesinatos por los que el mundo clama justicia racial.

Por Claudia Luna Palencia Periodista mexicana, directora de Conexión Hispanoamérica

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