Los daños colaterales del coronavirus

Ignacio Bermúdez de Castro
Ignacio Bermúdez de Castro PASOS SIN HUELLAS

OPINIÓN

Son incontables los daños colaterales que van aparejados a la pandemia. Los relacionados con la economía son los que más notoriedad acaparan. La certeza sobre el caos que se avecina hace que pasemos por alto otro tipo de tragedias que, para quien las sufre, suelen llegar a ser más terribles que las que puedan afectar a sus cuentas corrientes. Poco se habla del aumento de las víctimas de violencia de género y de los divorcios. En situaciones de normalidad social estos incrementos serían noticia destacada, pero ya se sabe que la economía todo lo puede y todo lo eclipsa. No por ello debemos de dejar de reconocer el daño que el maldito bicho ha provocado en tantas familias que no han sabido, o no han podido, resistir tantas semanas de aislamiento. El confinamiento es rutinario, y la rutina es el peor enemigo de las parejas. Deduzco que un matrimonio que funcionaba no se va al traste por una situación como la que hemos vivido, pero aquellas parejas que andaban ya tocadas antes del estado de alarma recibieron la estocada definitiva tras tantas horas de convivencia no deseada. Los más cavernícolas, los maltratadores físicos o psicológicos, han sacado de sus particulares mochilas sus instintos asesinos y la cifra de mujeres que se han visto necesitadas de pedir auxilio por temer por sus vidas se ha disparado. El confinamiento no ha matado el amor. Solamente ha hecho abrir los ojos a aquellos que se resistían a asumir que el suyo ya había fallecido tiempo atrás.