El BCE multiplica panes y peces


«El mayor milagro -decía Johann P. Richter- es que la gente sigue creyendo en los milagros». Algo normal, pensaba yo, cuando los milagros los hacía Dios bendito; pero un hecho extraordinario cuando la encargada de multiplicar los panes y los peces es una señora tan elegante y escuchimizada como Christine Lagarde. También me resulta raro que algunos lectores, que consideran medieval y anticientífica mi fe en Dios, crean a pies juntillas en el BCE, y que la mayoría de los economistas y políticos que analizan esta crisis estén convencidos de que hemos dado con un método barato, infalible, sin contraindicaciones, sin generar desigualdades, sin riesgos, y sin necesidad de pasar por ningún parlamento, para repintar la UE y dejarla niquelada.

La clave del milagro consiste en recoger de los bancos y los estados -en la ventanilla 1- apuntes contables de deuda impagable y bonos basura, para entregar a cambio -ventanilla 2- un billón trescientos mil millones de euros. Y el pico de credulidad cívica se observa cuando, mientras se pronostica que la contracción del PIB europeo será del 8,7 % este año, con una recuperación del 5,2 % en el 2021, y del 3,3 % en el 2022, se invita a los ciudadanos a decir, con Ingrid Bergman y como si nada pasase, que «el mundo se derrumba, y nosotros nos enamoramos».

Las explicaciones para este milagro solo pueden ser estas. 1.- Que la señora Lagarde esté convencida de que todos los países europeos somos rigurosos y eficientes en el gasto, competitivos, tenemos planes para recuperar nuestras economías, vamos a disponer solidariamente del maná de Fráncfort, y que, en solo cinco años, vamos a tapar el agujero que estamos haciendo. Pero esto no es creíble. 2.- Que el BCE se esté convirtiendo en un negocio piramidal al estilo del Fórum Filatélico, que, confiando en que el flujo de inversores sea constante, nunca tenga que sacar al mercado el papel de estraza que está comprando con valor ficticio. 3.- Que no se descarte para el futuro una devaluación del euro que, sin que la gente lo perciba, devalúe la renta de Europa en un 25 %. 4.- Que, dando por supuesto que la mayoría de las monedas del mundo tendrán que desaparecer, el euro comparta con el dólar el papel de moneda reserva -sin economía de guerra ni acuerdos de Breton Woods-, hasta convertirse en una mercancía necesaria que las economías hundidas pagarán a precio de oro. 5.- Que, si todo va mal, vuelva Alemania y pague la factura. Y 6.- Que sea verdad que tanto Draghi como Lagarde son dioses que multiplican panes y peces, para que la gente pueda hartarse sin pagar a escote.

Mi opinión es que con milagros no se ordena la economía, y que estamos entrando en un ciclo piramidal cuyo coste recaerá sobre las generaciones futuras. Y lo peor: que Europa está gobernada por un banco autónomo, mientras sus instituciones políticas buscan acuerdos imposibles en las madrugadas de Bruselas. No dudo, en cambio, que la bolsa sube y Sánchez tira palante. Porque en todo río revuelto ganan los pescadores.

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