Un Estado sin datos en el 2020


Ocupados en cuestionar a Javier de Burgos, ahora que no hay diputaciones en liza, olvidan que una administración sin datos ciertos será siempre una Administración deficiente. Pero en una política «a tanto alzado» los datos si no cuadran están para desmentirlos, y si cuadran para publicitarlos. Rara vez forman parte del instrumento de trabajo en la toma de decisiones políticas. Sucede con la sanidad y los recortes desde el 2009, o con la enseñanza, e incluso con esas recién descubiertas -para mal en gran parte- residencias de mayores donde, en un desiderátum declarativo de un cargo de la administración, «no hay falta de personal sino abundancia de mayores».

A pesar de abjurar de Javier de Burgos, a los gallegos de Vigo nos salvó la provincia, pues si no en esta fase 1 o 2 -siempre movible- no podríamos pasar de Redondela. Al final no tuvimos un Torra empecinado que aisló toda la ciudad de Barcelona, por eso de las áreas sanitarias. Porque una cosa es la asistencia sanitaria y otra bien diferente la salud pública y la epidemiología -ciencia que estudia la dinámica de salud en las poblaciones- en un territorio y una población que viven de/con la movilidad. Como bien sabe la AP-9.

Lo que no arregla Javier de Burgos en este «estado compuesto» es la carencia de unas administraciones eficaces y coordinadas. Tampoco a la hora de organizar sus bases de datos o de contribuir a ellas. Ni para tramitar los ERTE. Porque sin una Administración eficaz y profesional es imposible que el Gobierno autonómico o el del estado tengan capacidad de análisis y de respuesta ante problemas o realidades.

En medio de la debacle, con una estructura administrativa deficiente, hasta parece milagro que alguien se haya atrevido a dar datos. O sobre ellos a desarrollar modelos predictivos. Pero así fue y así se hizo. Es fácil imaginar el proceso de recogida de información, desde los registros civiles, centros hospitalarios o residencias de mayores, para hacer llegar los datos a Santiago y a Madrid, con una estructura de gestión raquítica y deficiente. Más deficiente a más trabajo y población que atender, no necesariamente proporcionales. Sin pensar en administraciones que con deslealtad oculten o maquillen datos.

Las costuras ya han reventado y, arriesgando para conocer la realidad, se impone la validación de datos. Cambio de criterios y metodología aparte y por explicar.

En el camino supimos que es necesario avanzar en un sistema de volcado automático de la información epidemiológica en la red de vigilancia española. ¡Oh!, sí en el 2020. Síntoma de un Estado sin datos, en el que las comunidades autónomas van también por libre, a semejanza de la Administración central. Lo que nos hará ser un «estado complejo», pero de muy escasa calidad en su gestión. Por eso ahora hay que andar y desandar en la aparición y desaparición de difuntos, contagiados y curados. Por más que esta vez el tanteo y el esfuerzo de ciudadanos y gobiernos nos han permitido llegar. A algunos. Pero no así otra vez.

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