La enésima muerte de Sánchez


Leo y escucho con suma atención a destacados analistas y tertulianos que pronostican la enésima muerte política de Pedro Sánchez. Algunos lo llevan haciendo con constancia admirable, pese a que nunca aciertan, desde hace años. El error garrafal de pactar con Bildu la derogación íntegra de la reforma laboral ha sido la última percha a la que se han agarrado para dictaminar su caída definitiva. Unos dicen que será en el otoño-invierno, porque no podrá resistir el desastre económico y social que se avecina. Otros, más prudentes, lo fían a uno o dos años vista. En todo caso, estaría herido de muerte. Desde luego el escenario es el de una tormenta perfecta. La mayor crisis sanitaria de nuestra historia reciente, con evidentes errores de gestión, a la que seguirá, ya ha empezado, un terremoto social sin precedentes. Súmenle la inestabilidad de un Gobierno sumido en luchas internas entre las posiciones que representan Nadia Calviño y Pablo Iglesias, unos socios nada fiables con ERC a la cabeza, un principal partido de la oposición dispuesto a poner todos los palos en las ruedas que pueda y una ultraderecha cada vez más asilvestrada. A pesar de ello, Sánchez ha logrado que el Congreso apruebe cinco prórrogas del estado de alarma, gracias principalmente a la responsabilidad y el sentido de Estado de Ciudadanos. También ha puesto en marcha una serie de ayudas a los que más están pagando esta nueva crisis, la última el imprescindible ingreso mínimo vital. Vaticinar el final de Sánchez es muy atrevido, pues si algo ha demostrado es una capacidad infinita de resiliencia y de maniobra. Confundir el deseo con la realidad conduce a la melancolía y puede inducir al error en el análisis.

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