El rey de la pirueta


?En una nueva voltereta, y de forma incomprensible, se enfrenta al mundo empresarial, a los de la cogobernanza, a los socios, a sus barones, a dirigentes y a miembros de su propio Gobierno

Las piruetas estaban reservadas antaño a los artistas de circo. Preferentemente a los trapecistas. Pero con el paso del tiempo se han instalado en nuestra sociedad; especialmente en las clases dirigentes y sobre todo en la política. Así, después de sobreponernos a grandes saltimbanquis en los últimos años, ahora topamos con el rey de saltos acrobáticos y giros. El presidente Sánchez.

Es prácticamente imposible encontrar a alguien que haya logrado irritar a tanta gente en tan poco tiempo; en solo semanas. A base de deslealtades, enredos, trampas y traiciones. En tiempo récord, y eso sí con todo merecimiento, está a un paso de quedarse en la más absoluta soledad por sus arriesgadas e innecesarias piruetas. En el peor momento y con un futuro nada esperanzador. La forma muy personal de entender y ejercer la política de consenso y pactos ha hecho que fuese dejando por el camino a amigos, socios estables, socios coyunturales, allegados, conocidos, camaradas y compinches. Y que se haya desconectado de la realidad.

Entendiendo que dejase al margen a PP y a los ultras, que andan a lo que andan y que a lo que andan no es precisamente España, Sánchez logró, uno tras otro, disgustar, irritar y apartarse de los que lo apoyaron en su investidura, de los que se quedaron al margen y de los que en algún momento podían apoyarlo. Pero en una nueva voltereta, y de forma incomprensible y chapucera, se enfrenta al mundo empresarial, a los de la cogobernanza, a los socios, a sus barones, a dirigentes y hasta a miembros de su propio Gobierno. Y de su máxima confianza, como es Nadia Calviño.

Pedro Sánchez ha superado el más difícil todavía, que nos maravillaba cuando niños en los circos, viendo a los trapecistas lanzarse al vacío. Y lo hace pese a que sabe que de esto, o salimos unidos o no salimos, y que Europa está escrutando nuestro comportamiento, mientras se piensa si nos echa una mano o nos abandona a nuestra suerte.

Cierto que el presidente Sánchez gozó de fortuna en las situaciones límite. Su trayectoria lo demuestra. Quizá por eso siempre arriesga. Pero ha ido tan lejos que pone en el aire la futura gobernabilidad del país. Porque su credibilidad y lealtad están destrozadas. Pero él, a lo suyo. A seguir haciendo piruetas.

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