El futuro del turismo, a prueba


Lo sabemos: el sector económico más afectado por la pandemia es el turismo. Ya ha caído de la tabla la Semana Santa y ya veremos cómo se presenta el verano. A la paralización forzada se añaden las consecuencias que la inseguridad ante el virus pueda tener en la demanda. Y no solo los extranjeros; muchos españoles limitarán su radio de movimiento y utilizarán su coche: el road trip ganará adeptos. Además, como la capacidad adquisitiva quedará mermada para muchas economías domésticas, se reducirá la demanda; pero aun así, para los españoles la España Verde -y dentro de ella Galicia- seguirá siendo una buena opción por su entorno más saludable. Está por ver lo que harán los portugueses, nuestros principales clientes vacacionales del otro lado de la raia.

En los otros países europeos, las cosas pueden ser de otro modo. Muchos visitantes potenciales también notarán la caída de rentas, y otros optarán por el turismo interno como opción preferente, como la propia Unión Europea ha recomendado alguna vez. Quienes busquen el sol dudarán si dirigirse a nuestras costas por la pérdida de imagen y el temor al contagio. Ya sabemos que el turismo es muy sensible a estos hechos. Las Canarias tienen más ventajas para recuperar su imagen de destino seguro, por su menor incidencia e insularidad, pero está por ver qué pasa con el transporte aéreo.

Para Galicia hay datos que ya podemos dar por seguros: reducción del número de visitantes, menos capacidad adquisitiva, caída del transporte aéreo, y opción preferente por destinos sostenibles, saludables y de baja frecuentación. Esto, que desde el punto de vista del sector puede parecer negativo, desde la perspectiva del destino puede convertirse en positivo. Razones: se evitará el efecto de la masificación en algunos destinos y la oferta tendrá necesariamente que orientarse a la calidad y a la sostenibilidad del producto y del destino. Ya ahora ocurre, pero será más determinante. Si la búsqueda de la calidad ya requería mejorar la presentación e higiene de los locales, ahora los criterios de seguridad sanitaria lo pondrán mucho más exigente. Todo esto tendrá un coste y no será fácil compaginar la calidad con el precio contenido, y ese será uno de los dilemas a los que tendremos que responder. ¿Seguiremos siendo competitivos si hay que aumentar los precios? Deberíamos conseguirlo, porque es el mejor camino para ser sostenibles.

Al final, este cambio forzado puede funcionar como una corrección de excesos cometidos y como un acicate para valorar más lo nuestro: el paisaje, el patrimonio y, como siempre, la gastronomía. Lo mismo pero con más calidad, con más diseño, con más higiene, con más seguridad y con productos auténticos. El ecoturismo, la cultura local, el turismo sostenible en general, las actividades en plena naturaleza, sea marítima o interior, serán los mejores acompañantes de un Xacobeo que es más necesario que nunca, pero que también necesita una readaptación a las nuevas condiciones. Tenemos muchas ventajas, pero también mucho que hacer.

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