El duelo según «After Life»


Ricky Gervais es un tipo faltón. Alguien a quien no le cuesta nada plantarse delante del catálogo completo de los grandes colosos de Hollywood en los Globos de Oro y decirles a la cara: «No sabéis nada del mundo real. La mayoría de vosotros ha pasado menos tiempo en la escuela que Greta Thunberg». Por elegir una frase suave. Y pese a ello siguen invitándolo a sus fiestas. Estos días también vapulea a los famosos por esta moda de publicar cadenas de vídeos solidarios en medio de esta zozobra mundial. Desde su ácida perspectiva, lo que persiguen realmente es alardear ante los don nadie del planeta de lo buenos que son y cuántos amigos con pedigrí poseen.

Por cosas como esas Gervais se ganó una etiqueta de revoltoso que aparcó por un rato el pasado año para escribir, dirigir y protagonizar la delicada y melancólica After Life, una comedia negra sobre lo difícil que resulta la digestión de perder a un ser querido antes de tiempo. El protagonista es un viudo que utiliza su negación y su ira por la muerte de su esposa para decir siempre lo que piensa y levantar un muro alrededor de su duelo. Netflix acaba de estrenar una segunda temporada que arranca con un esperanzador sumario de personajes a ritmo de The Carpenters, pero que enseguida baja al día a día y a lo difícil que sigue resultando levantarse cada mañana y enfrentarse al mundo sin tirar la toalla.

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