Solo un comienzo

editorial

El incipiente acuerdo alcanzado ayer entre el presidente del Gobierno y el jefe de la oposición puede ser el inicio de una buena noticia. No es para aplaudir todavía, porque hay muchas incógnitas en el guion, pero al menos da pie para mantenerse expectantes ante unos actores que pueden desempeñar el papel de su vida o desaparecer de escena generando la mayor decepción. Estamos ante una simple declaración de intenciones, pero no deja de ser un esperanzador punto de partida.

 El hecho de que las dos principales fuerzas políticas del país manifiesten voluntad de cooperar resulta algo insólito en nuestra democracia. Y que lo vayan a hacer en sede parlamentaria, como propuso bien asesorado el dirigente popular, es un paso inexcusable para dar solidez al pacto que se construya. Muy posiblemente, tendrá sus detractores. Entre ellos, quienes creen que tener cinco asientos en el Consejo de Ministros les da patente de corso para usar el BOE a su capricho. Su supuesta influencia se difuminará, porque la regla de juego no será la ideología de cada uno, sino la búsqueda de consenso. Tampoco gustará la nueva realidad a los que no tienen reparo en decir que España les importa un comino, puesto que sus extorsiones perderán eficacia. Pero para la amplísima mayoría de los ciudadanos, que sufren esta crisis en primera persona, lo que ayer se apalabró es lo mínimo que se puede pedir a la clase política.

Es su deber. Porque ahí, en cada casa, están confinados quienes tienen en riesgo real su salud, quienes tienen en peligro su empresa o su trabajo, quienes agotan su capacidad de resistencia tras más de un mes con cero ingresos. Todos han caído sin culpa en el pozo, y todos descubren cada día que salir de él no va a ser tan fácil.

Para intentarlo es preciso el concurso de las fuerzas políticas. Pero no solo de ellas. También es obligado el trabajo de todos los agentes sociales, todas las Administraciones, todos los implicados en cada respuesta.

Para la comisión parlamentaria y para cuantos tienen que aportar su apoyo, los deberes son muchos. El más urgente es garantizar la salud de la población, sin caer en el conformismo de esperar meses y meses. A continuación, el importante, implicarse en la recuperación económica, con recursos propios y europeos que nos vacunen contra el derrotismo. Y aún quedará algo imprescindible: reparar el daño a los ciudadanos. A los niños y jóvenes, su ocio y su curso. A los mayores, protección y residencias dignas. A todos, reponer sus libertades. Y a cada uno, no cegar su proyecto de vida.

Esta vez, las fuerzas políticas tienen mucho que hacer.

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