COVID-19 y datos en Europa


Una cosa que a todos nos enseñaron de pequeños en la escuela es que no se podían mezclar peras y manzanas a la hora de sumar y restar. Igual que años después, al estudiar el método científico, nos explicaron la importancia de la recogida de datos para el buen fin de la investigación, con dos aspectos cruciales: fiabilidad en las fuentes y homogeneidad en los métodos de obtención para permitir su comparación. O sea, que las peras se sumaran con las peras y las manzanas, con las manzanas.

Hace ya más de dos semanas me dirigí a la Comisión Europea reclamando esa homogeneización de la recogida de datos en Europa y un protocolo homologado para tener una idea mucho más aproximada de la dimensión de la pandemia del coronavirus.

Hemos comprobado estos días cuestiones singulares como que en Alemania el diario Der Spiegel haya revelado que los datos publicados por el Instituto Robert Koch no se corresponden con la realidad al haber fallos en la comunicación entre instituciones médicas; Francia solo contabiliza como fallecidos por coronavirus a quienes lo hacen en dependencias hospitalarias, como ha reconocido el presidente de la Federación de Hospitales, circunstancia que están tratando de revertir. Por su parte, Holanda, según ha trascendido, no está proporcionando asistencia hospitalaria a todos los enfermos, descartando a ancianos, ni tampoco aclara si están siendo incluidos en los recuentos. España e Italia, sin embargo, han sido países más rigurosos, pero con fallos también porque a mayor volumen, más dificultad.

Igualmente, las dudas surgidas de los test rápidos defectuosos que tanto revuelo han producido en España, pero que también han afectado a otros países como Holanda, Chequia o Turquía, hacen pensar que la detección de casos es deficiente. Además, mientras algunos países realizan testeos masivos, otros solo los hacen a aquellos casos más graves y al personal sanitario en contacto con algún enfermo.

Por supuesto, no debemos obviar la vertiente geopolítica de la pandemia, con informaciones confusas y a veces difícilmente creíbles en una guerra soterrada de datos que están haciendo surgir dudas sobre la información aportada por países como China, de escasa tradición en transparencia, por decirlo suavemente: es difícilmente explicable que, por ejemplo, Nueva York en pocas semanas casi tuviera los mismos casos que Wuhan en meses.

Pero volviendo a Europa, estas diferencias están conduciendo a una situación en la que los datos no son comparables, un obstáculo para la investigación científica; es esencial que lo sean para conocer el alcance de la pandemia y prepararnos para otras que puedan venir. Es necesario homogeneizar esos datos o proponer instrumentos de medida indirectos o estimativos que permitan comparativas estandarizadas. Además, también he solicitado a la Comisión el diseño de un gran estudio serológico a nivel europeo mediante muestreos en la población que nos permita saber cuál ha sido el porcentaje de infectados en esta primera oleada y prepararnos mejor para el próximo otoño.

La ciencia debe nutrirse de datos reales, sin sesgos, porque sin datos coherentes el conocimiento que obtendremos del impacto de la pandemia en la UE será parcial y sesgado, lo que no solo dificultará la toma de decisiones para hacer frente a esta enfermedad, sino que impedirá sacar las lecciones oportunas para el futuro.

?En Europa, los datos de cada país no son comparables, un obstáculo para la investigación científica; es esencial que lo sean para conocer el alcance de la pandemia y prepararnos para otras

Por Nicolás González Casares Diputado en el Parlamento Europeo. Grupo de la Alianza Progresista de Socialistas y Demócratas

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