Es evidente que hay solución

EUROPA PRESS

El pasado jueves, referidos al artículo «¿Quién manda aquí?», recibí una avalancha de comentarios que me acusaban de criticar sin dar soluciones, y de añorar una alternativa trifachita. Y por eso, convencido de que son acusaciones injustas, voy a recordar -con especial dedicación a los que leen de prisa- las soluciones que tantas veces aporté.

Tras las elecciones del 2015, que sirvieron para destrozar el sistema de partidos de la Transición, y para introducirnos de hoz y coz en la senda de la ingobernabilidad, dejé claro que estábamos ante un bloqueo esencial del Parlamento, que las mayorías congruentes, de corte ideológico, no eran posibles, y que la solución más razonable era una gran coalición PP-PSOE, para muchos prematura, que cerrase la senda del desastre. Rajoy la propuso; pero la respuesta que obtuvo fue el famoso «no es no», adobado con una arrogante investidura de perdedores, que derivó en una legislatura fallida. Y volvimos a las urnas.

El 26 de junio de 2016, que confirmaron la fragmentación y el bloqueo del Congreso, propuse de nuevo la gran coalición PP-PSOE. Es cierto que el PSOE, que había caído a los infiernos, ofreció esta vez, como alternativa descafeinada, la abstención que Sánchez no obedeció. Pero aquella breve legislatura, que dio como fruto el presupuesto que tenemos, fue reventada por la censura Frankenstein, concebida como un antídoto contra la gran coalición. Pero el diablo, que nunca duerme, tentó a los Frankenstein a redoblar su apuesta por el desgobierno. Y para eso devolvieron los presupuestos al Gobierno, y forzaron la convocatoria de las terceras elecciones.

Estas elecciones (28A del 2019) anularon todas las posibilidades de hacer un Gobierno socialista, aunque esta vez cabían no una, sino dos grandes coaliciones -una auténtica, entre PSOE y PP, y otra light, PSOE-Ciudadanos. A mí -lo dije- me valían las dos, aunque prefería la segunda. Pero Sánchez se envalentonó con su victoria, bloqueó las dos alternativas, despreció al Iglesias que no le dejaba dormir, y formuló la célebre disyuntiva -«PSOE o PSOE»- que nos condujo a las cuartas elecciones.

Visto el bloqueo salido de las elecciones del 10N, y oliendo el desastre sistémico que se avecinaba, volví a sugerir la gran coalición PSOE-PP. Pero Sánchez volvió a apostar por su segunda coalición Frankenstein -con la tuerca floja y los puntos infectados- que es la que hoy nos obliga a preguntar ¿Quién manda aquí?, o ¿Quién va a gestionar el COVID-19 y la recesión económica? La solución que yo propongo es intentar una gran coalición PSOE-PP, que revise los años pasados y empiece a gobernar España. Pero Sánchez -que ya no es entendible sin Torra, Rufián, Otegi y Urkullu- no sirve para convocar y liderar esa gran coalición. Tendría que dejar paso a Nadia Calviño -porque no hay otro ni otra-, para una operación que se me antoja imposible. Y por eso tendremos que esperar el siniestro total antes de sugerir -¡hale hop!- una gran coalición PP-PSOE. ¡Y aún dirán que no tengo soluciones!

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