La economía infectada

Maite Cancelo FIRMA INVITADA

OPINIÓN

MABEL RODRIGUEZ

Algo de lo que hablamos desde el principio de la crisis sanitaria provocada por el coronavirus COVID-19 es que la pandemia se trasladaría a la economía. Las primeras estimaciones se hicieron con una extrapolación del impacto del SARS, que se extendió en el año 2003 a varios países del mundo. Pero esos primeros cálculos se han quedado cortos: por el propio impacto del nuevo virus y por las medidas que se están implementando para frenar el ritmo de contagios.

Las nuevas estimaciones son muy diversas, por lo que me centraré en las que publicó Ceprede el 18 de marzo, basadas en el impacto de la contracción en el consumo, por sectores, sobre la producción de cada rama de actividad (con un escenario de duración de un mes del estado de alarma), y que se concreta en: la reducción de crecimiento del PIB español en un 1,7 % (1,4 % en el caso gallego) y la pérdida de 300.000 puestos de trabajo en la economía española (15.000 en el caso gallego).

Pero no nos quedemos con estos datos, ya que se tendrán que ir revisando en función ya no solo de la duración del estado de alarma, sino de las medidas que se tengan que implementar cuando esta situación acabe (no habrá una cuarentena total, pero sí, probablemente, medidas de contención de la movilidad para controlar la expansión de la epidemia).

Por eso, la pregunta que nos tenemos que plantear en estas fechas ya no solo es el impacto final (que también), sino cuál será el impacto en los siguientes trimestres del año.

Desde el Gobierno confían en una salida en V (fuerte caída y recuperación rápida), pero si tenemos en cuenta que el sector turístico seguirá fuertemente afectado cuando los otros sectores empiecen a recuperar actividad, y su peso en la economía española (12 % del PIB y 13 % del empleo), todo parece apuntar que nuestra recuperación será en U o, en el peor de los casos, en L, con lo que sí entraríamos en una profunda crisis que podría ser peor que la del 2008.

Por ello, hay que mejorar las medidas económicas (tratamiento) para combatir esta infección, y que estas estén fuertemente sectorializadas. Pensemos en que, por ejemplo, las agencias de viajes no han podido parar su actividad, al estar atendiendo el aluvión de cancelaciones que se están produciendo, pero sin percibir ingresos por estos trabajos (y con costes que no se reducen).