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Fernanda Tabarés
Fernanda Tabarés OTRAS LETRAS

OPINIÓN

08 mar 2020 . Actualizado a las 05:00 h.

Cualquier mujer de mi generación que haga un repaso minucioso de su biografía encontrará un millón de motivos para salir hoy a la calle. Casas en las que las niñas atendían a sus hermanos en un inexplicable juego de clases; novios que decidían con quién se salía y cuál debía ser el largo exacto de la falda; jefes que despachaban instrucciones laborales en cenas a las que nunca hubieses ido si tu futuro no dependiera de ese encuentro; empresas en las que un muro invisible pero firme impedía el ascenso de mujeres, apartadas, qué casualidad, de los auténticos centros de decisión. Las feministas amazónicas de la escuela de Toledo y todos los que se hacen cruces con este paso adelante podrían revisar esta lista y decidir si el tiempo verbal es el adecuado y si ninguna de las cuatro cosas que describe siguen pasando.

La lucha por la igualdad que explotó con ruido hace dos años está construyendo una sociedad mejor. Para todos tendría que ser emocionante cualquier avance y esta generación tenemos en nuestras manos un reto que puede cambiar el futuro y dejar las cosas un poco más apañadas para las que vendrán después. Son procesos que llenan de orgullo a una sociedad, como sucedió con el matrimonio igualitario que en un día normalizó la vida de cientos de miles de españoles cuya condición sexual los convertía en ciudadanos de segunda. Cualquiera de las personas que hoy viven mejor gracias a esa ley pueden dar testimonio de cómo una decisión política puede modificar una vida.

Hoy volveremos a salir millones de personas a la calle, como antes salieron todos los que han conseguido que hoy vivamos mejor que en la Edad Media. Y en esto, además de una reclamación, hay también una responsabilidad.