La palabra decir proviene de una raíz indoeuropea que significa indicar, apuntar. La etimología todo nos lo enseña, por eso habría que estudiarla más en las aulas de los centros de enseñanza, donde las discusiones discurren por cauces más consuetudinarios: la nueva ley educativa, otra, que llama a la puerta. Incluso se esconde en decir el significado dedo. Por eso, a quien le prohíben decir le cortan las manos, como hicieron con Cicerón. Los dedos y la boca son los verdaderos comunicadores del presente. Iván Redondo es dedo y boca. Cinco dedos y una boca: seis. El sexto poder. Por eso construyó uno de los más fructíferos inventos políticos de los últimos años: Vox. Mientras Vox exista, todo será más fácil para la izquierda. Porque Vox no solo resta votos al Partido Popular, sino que, en caso de poder gobernar, los ata en pactos que construyen el más eficaz de los relatos del presente: las tres derechas. Y como los significados tienden a amalgamarse, cumpliendo leyes lingüísticas indiscutibles, todo lo que va con Vox es Vox o parecido. Y así no hay manera de romper el relato del asesor principal de la Moncloa: mientras Vox posea prevalencia, el neogobierno podrá hacer y deshacer a su antojo. Pase lo que pase, con Vox viviríamos peor (absoluta certeza). Y en tan mediocre pensamiento, un anacrónico sofisma, se concentra el valor intelectual del redondismo.
Y voy con Galicia. Aquí también se pretendía agitar el icono de Vox. Pero resulta que Vox no ha obtenido ni concejal ni diputado en nuestra tierra. Más de cien mil votos en las generales, cierto, pero el baile de las autonómicas no será el mismo. Ni polca ni sardana ni mazurca. Será alalá galaico. El 5 de abril veremos hasta dónde puede cuajar el relato de Iván Redondo.
Yo, sinceramente, nunca le he visto demasiado recorrido a lo que denominan fenómeno Vox. Y no me agrada que hayan sustraído una palabra latina, culta, para su marca: Vox es pluralidad (sonidos y tonos), no discurso único.
En ellos he visto reflejadas lecturas de los maestros del realismo italiano, alemán y, contrariamente, la prosa pusilánime que llamamos costumbrismo. Una prosa agria que en la historia de la literatura española solo dejó migajas y notas al margen, glosas de insignificancia. En conclusión: Vox ha sido la gran creación redondista para gobernar España. Un éxito indudable. Veremos qué pasa en Galicia.