Los Estados Unidos de Europa

Ernesto Sánchez Pombo
Ernesto S. Pombo EL REINO DE LA LLUVIA

OPINIÓN

Philipp von Ditfurth

18 feb 2020 . Actualizado a las 05:00 h.

«Un día vendrá en el que veremos estos dos grupos inmensos, los Estados Unidos de América y los Estados Unidos de Europa, situados enfrente uno del otro, tendiéndose la mano sobre los mares, intercambiando sus productos, su comercio, su industria, sus artes, sus genios, limpiando el planeta, colonizando los desiertos (…) y combinando juntos, para lograr el bienestar de todos». Lo dijo Víctor Hugo, entre grandes aplausos en el Congreso Internacional de la Paz, en París, en 1849. Hace 171 años. La idea formó parte de muchas de sus intervenciones y escritos y hasta George Washington vaticinó que «un día, sobre el modelo de los Estados Unidos de América, llegarán a existir los Estados Unidos de Europa».

Y, una vez que llevamos un par de semanas comprobando que podemos sobrevivir sin el Reino Unido, sin el 13 % de su población, el 15 % de su PIB y el 5,6 % de su superficie, y que es más que probable que podamos hacerlo durante décadas, parece haber llegado el momento de recuperar la idea del novelista, político e intelectual francés. De forma especial después de que Boris Johnson haya mostrado sus cartas al asegurar que «bajo ninguna circunstancia vamos a aceptar vuestras leyes, vuestras normas y vuestros tribunales. Hemos hecho el brexit justamente para deshacernos de todo eso».

Hay que ponerse manos a la obra. Y reinventar la UE, que para eso seguimos siendo la segunda potencia económica mundial y la tercera población con 447 millones de habitantes, sin británicos. Pero no hay que engañarse. La Unión pasa por su peor momento, desacreditada por no saber hacer frente a la crisis económica e incapaz de resolver problemas como la desigualdad y la inmigración. Crecen de forma alarmante los euroescépticos, los países que lanzan el órdago de seguir los pasos del Reino Unido y los populismos. Enemigos acérrimos del proyecto. Tampoco hay sitio para países que, como el nuestro, cambian de aliados y ejes cada hora. O juntos, o nada.