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No se sabe en qué pensaba Carmen Calvo, vicepresidenta del Gobierno, cuando pidió a la Academia Española un informe sobre el empleo del lenguaje inclusivo en la Constitución. No era lógico creer que la RAE iba a cambiar sustancialmente su doctrina sobre ese asunto, que había manifestado hace años en un sosegado y minucioso análisis del profesor y académico Ignacio Bosque.

En el centro del debate está el desdoblamiento de género, decir cosas como «los españoles y las españolas» cuando los españoles incluye a todos, varones y mujeres. La Academia considera que el género masculino, por ser el no marcado, puede abarcar el femenino, que no hay razón para pensar que excluye a las mujeres.

En España, todo el mundo -o casi todo- está de acuerdo en lograr para la mujer los mismos derechos que para el varón. Pero ¿por qué ha de hacerse violentando artificiosamente las leyes que rigen el idioma? Estas son fruto del uso que los hablantes han hecho durante muchas generaciones y no de las normas elaboradas por la Academia, que apenas van más allá de la recopilación y sistematización de ese código que rige el español.

No obstante, en relación con el lenguaje, hay margen para mejorar el papel y la imagen de la mujer. Por parte de la Academia, por ejemplo, corrigiendo muchas definiciones el Diccionario en las que se percibe sexismo. Pero los hablantes también han de aprovechar las posibilidades que tienen a su alcance sin forzar la gramática. Empezando por el empleo de los femeninos que están en la naturaleza del idioma y que muchos pretenden relegar al olvido. Algunos son recientes, como la incorporación de la mujer a nuevos roles sociales, y muchas veces se desaprovechan pese a que contienen más información que los masculinos aplicados a personas de sexo femenino. ¿Por qué titular en un periódico «Jueces de Valencia piden más horas de lactancia materna» cuando dice más y chirría menos un juezas de Valencia? ¿Por qué llamar médicos a las mujeres que ejercen la medicina o ingenieros a las ingenieras?

Que los debates que se generan sobre el llamado lenguaje inclusivo no nos oculten que hay campo de sobra para conseguir una mayor visibilización de la mujer sin tener que romper nada valioso.

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