Greta en el mundo líquido


La sociedad del espectáculo en la era global necesita y consume obsesivamente estrellas mediáticas. Eso es en lo que se ha convertido Greta Thunberg. Guste o no guste, la lucha contra el cambio climático ya se asocia indefectiblemente con esta adolescente sueca con síndrome de Asperger que abronca a los políticos por no tomar medidas que salven al planeta. En Madrid ha sido recibida como una heroína y los medios le han hecho un seguimiento atosigante. Lo suyo ha sido como la aparición seudorreligiosa de una profeta que ha venido a predicar la buena nueva del combate contra la devastación de la Tierra. Algunas diatribas contra ella parecen propias de una suerte de «gretafobia» irracional ante una joven que saca los colores a un mundo ferozmente consumista y hedonista. Es terrible el odio que destilan. Confieso que a medida que crecen las descalificaciones y los insultos, mejor me cae, aunque me apena que la niña Greta esté siendo devorada por su propio personaje. Todo el mundo la conoce, pero mucha gente no sería capaz de citar un solo nombre de un científico que haya aportado teorías, investigaciones y datos trascendentales sobre el cambio climático después de arduos años de estudio y trabajo. Esa es la liquidez y la vacuidad de la sociedad de las apariencias en la que nos movemos. Llámenme raro, pero sobre el cambio climático a mí lo que me interesa es lo que digan los científicos, aunque si Greta logra movilizar y concienciar a los ciudadanos y eso se traduce en medidas concretas bienvenido sea su activismo. Soy escéptico. De momento, solo se habla de ella, pero poco o nada de lo que se está debatiendo en la cumbre y es dudoso que sirva para algo.

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