Vox, sin complejos


Hace unos meses, en un artículo como este, refería el modo en que el relato, una vez construido, busca un sujeto que lo represente. El incontenible e incontestable ascenso de Vox ha sido la conclusión de estos años de desplazamiento del relato de la derecha que ha generado su propia excentricidad, y con ella, la estructura de oportunidad para que Vox alcance unas dimensiones nunca antes previstas en España para un partido de extrema derecha.

El inmenso error de Ciudadanos ha dado en que un partido que estaba llamado a ocupar el centro político y ubicarse entre el PSOE y el PP, haya construido un relato excéntrico, de búsqueda perpetua de un antagonista, de inclusión en el debate de la crítica a las autonomías, de retorno al nacionalismo español, de incomprensión ultramontana hacia cualquier otra identidad; sin querer entender que ese relato estaba destinado a construir un sujeto excéntrico.

El hecho de que Ciudadanos surgiera del conflicto catalán e hiciese de ese conflicto su seña de identidad ha sido la razón de su auge y caída. La contaminación del conflicto catalán a la política española ha sido intensa y extensa; ha servido para centrifugar el sistema de partidos y para dispersarlo, pero sobre todo para crear un relato excéntrico. Tampoco el PP se quedó corto en esta competición por la excentricidad en la disputa de quien hegemonizaba la derecha. La competición por liderar el espacio de la derecha llevó el relato más a la derecha de lo que nunca estuvo en España en esta democracia. Y en esas condiciones, el sujeto natural de ese relato no era ni el PP ni Ciudadanos.

La izquierda, en su propia disputa, también quiso desenterrar algunos aspectos simbólicos injustificables de una transición que consideraba incompleta. Pero no atendió a que mientras reforzaba las preferencias de unos, también alimentaba las de otros en lo que se ha dado en llamar la complementariedad de los opuestos.

Cuando todo parecía que la competición se hacía centrípeta, el rechazo de Sánchez a Iglesias hizo más centrífuga la derecha (Sánchez se dirigió a ellos y todos se preguntaron quién le iba a facilitar la investidura, menos Abascal) y alejó a los votantes de derecha del centro político. En vez de competir con Sánchez, la derecha eligió competir entre ellos, llevando la peor parte quien anunció el origen de la competición. Los ex votantes del PP le dijeron a Rivera que para competir con el PP no lo acompañaban y le dijeron a Casado que si se trataba de hablar de la Unidad, la Grandeza y la Libertad de las Españas, quien tenía un relato más carente de complejos era el señor Abascal. Tanto, que incluso se imponía en el debate sin que nadie le rebatiese; porque si algo no tenía Abascal, eran complejos.

Por Nieves Lagares Profesora titular de Ciencia Política y miembro del equipo de Investigaciones Políticas de la Universidade de Santiago

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