Si alguien lo decía, estallaba una carcajada. ¿Cómo va a ser presidente un señor al que solo se le conoce por tener dinero y despedir gente en un programa? Pero, ay, aquel producto televisivo supo cómo manejar emociones en esta tempestad socioeconómica que parece que nunca amaina. Y al final, el chiste se hizo con los votos empapados de descontento y se mudó a la Casa Blanca.
Aquel hombre que gritaba en una televisión local que el magosto del Bierzo no valía nada acabó montando un partido político. Carambolas de la vida, aunque no le llegaban los votos, se benefició de la incapacidad de algunos de soltar un poder que no era suyo. De abandonar una institución heredada. Y acabó gobernando el azote de los culturetas. Qué tiempos para estar vivo. Hoy tenemos una alcaldía de Democracia Ourensana.
Ahora, cuando una profunda crisis política amenaza con quebrar todavía más esta España rasgada, hay un programa de televisión que se permite banalizar y así arañar tres puntos de audiencia, porque de eso es de lo que se trata. Peor No Lo Haremos, dicen en las pancartas. Lo importante es crispar, que así es como se arrastra a las masas. Firme aquí, que esto lo arreglamos nosotros en cuatro programas. Populismo barato. Pan y circo para hoy, hambre para mañana. Pero esto no es un espectáculo, Risto. En estas elecciones nos jugamos nuestra cultura democrática.