El efecto Tortoni


Uno de los experimentos más inspirados de la ciencia reciente lo acometió el director del Instituto de Neurología y Medicina Experimental de Buenos Aires, Facundo Manes, cliente habitual de uno de las cafés más notables de América. Ocupaban Manes y seis colegas una de las mesas del Tortoni cuando repararon en un hecho extraordinario que a menudo obviaban por habitual: los camareros del legendario ambigú manifestaban una memoria prodigiosa que les permitía recordar sin recurrir a la vulgaridad de una comanda pedidos infinitos que servían con una diligencia pasmosa. El profesor acabó concluyendo que de una forma intuitiva los mozos habían desarrollado un eficacísimo método que les permitía trazar mapas cerebrales muy útiles en los procesos de reconocimiento y memoria y que desde entonces se conoce como método Tortoni. El original experimento de Manes podría ser considerada una poética demostración del darwiniano mandamiento de que la función hace al órgano del que estos días tenemos real constancia por la intervención cardíaca a la que ayer se sometió el anterior jefe del Estado. El incidente ha servido de coartada para actualizar el esplendoroso expediente sanitario de Juan Carlos I repleto de evidencias de cómo la función determina lo que le pasa al órgano.

El mapa de incidentes de salud del ex monarca es el siguiente: fractura de la meseta tibial por esquiar en Baqueira, fisura de pelvis por esquiar en Gstaad, corte del nervio radial al golpearse con una puerta tras un partido de squash con Santana, carcinoma basocelular por exposición al sol que fue extirpado y que le provocó un moratón exhibido durante una corrida en las Ventas, fractura de cadera mientras cazaba al elefante de Botsuana. Sí. La función hace al órgano.

Conoce toda nuestra oferta de newsletters

Hemos creado para ti una selección de contenidos para que los recibas cómodamente en tu correo electrónico. Descubre nuestro nuevo servicio.

Votación
12 votos
Comentarios

El efecto Tortoni