Boris y el «brexit»


Son todavía muchos los británicos que, aún respaldando al nuevo primer ministro, Boris Johnson, no acaban de entender el optimismo de sus cuentas sobre la salida de su país de la Unión Europea. Y quizá es así porque todo su programa irradia un entusiasmo difícil de acreditar, pero bien recibido por sus partidarios, es decir, por los partidarios del brexit

En esta situación, Boris Johnson campa, de momento, a sus anchas, tras lanzar un osado programa de recorte de impuestos, con el que pretende impulsar la economía y financiar un muy optimista programa de inversiones.

Caben pocas dudas respecto de que Boris Johnson quiera rociar el horizonte de ofertas esperanzadoras, entre otras cosas porque cree que fue en el seno de la UE donde su país se apeó del optimismo. Por eso, todas sus promesas -la mayor parte, sin fecha de ejecución- apuntan a recuperar una grandeza perdida o muy debilitada.

En este sentido, ha puesto a trabajar su imaginación, con los ojos puestos en la rehabilitación de un horizonte de grandeza que, según él, se ha ido desvaneciendo y difuminando en el seno de la UE. Y la lista de sus ocurrencias no para de crecer, convocando a todos a esta especie de recuperación o renacimiento. Pero también crece la lista de sus opositores.

Algunos intelectuales británicos se preguntan si Johnson no estará redactando su particular versión del cuento de la lechera, porque su entusiasmo suscita esperanzas que no parecen realizables. Pero su optimismo brilla cada día en unos mensajes que tal vez solo buscan un estado de ánimo favorable a sus propósitos. ¿Hasta dónde podrá llegar? Lo veremos en un futuro próximo. Porque, según él, el brexit estará materializado antes de la actual fecha límite del 31 de octubre, sea como sea, y aunque sea catastrófico.

Curiosamente, el lenguaje de Boris Johnson parece aproximarse cada vez más al de Donald Trump, con la diferencia de que su país no es EE.UU. (aunque él sí nació en Nueva York, por cierto). Hay en su actual campaña del brexit una retórica que parece claramente inspirada en la del presidente estadounidense. Iremos viéndolo, pero lo cierto es que, para la UE, no soplan vientos de concordia procedentes de Londres.

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