El miedo dirá la última palabra


Casi tres meses de las elecciones y menos de tres semanas para negociar. Ese es el calendario que el presidente en funciones se hizo a sí mismo para enfocar la gobernación de este país. Y esas escasas tres semanas han comenzado a contar ya. El día 22, según decisión que Meritxell Batet se atribuye a sí misma, y en su defecto del día 25 en segunda votación, el señor Sánchez tiene que haber encontrado soportes para continuar en la Moncloa. A fecha de hoy no hay nada garantizado. Absolutamente nada, ni para la mayoría absoluta que se requiere el día 22, ni para la mayoría simple del día 25. La jugada es, por tanto, de extremo riesgo para él. Sólo la confianza que tiene en su baraka personal o alguna carta secreta en la manga justifican la tranquilidad que lucía aquí y que lució después en las cumbres del G20 y de la Unión Europea. 

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El miedo dirá la última palabra