Acaba de cumplir 34 años, pero tiene la cabeza tan bien amueblada que parece que son muchos más. Alex Bergantiños, suceda lo que suceda esta noche en Mallorca, se ha convertido en el héroe gallego del Dépor y en el héroe de su barrio, la Sagrada, con lo que eso supone. El barrio de la Sagrada Familia es uno de esos sitios que dan carácter a una ciudad. En todas las ciudades hay lugares así, donde la gente sabe que a la vida hay que enfrentarse con humildad y muchas veces apretando los dientes. Alex Bergantiños es un experto. Como lo es mi compañero Alex Centeno, también de la Sagrada. Un periodista que persigue la verdad para La Voz hasta el final, sin miedo. Los dos Alex no buscan medallas. No son como esa gente que hace un mínimo esfuerzo y que ya están esperando siete medallas olímpicas. Lo de ser medallistas olímpicos no va con ellos. Lo aprendieron en la calle. Lo de ellos es el esfuerzo y el ponerse la camiseta en sus trabajos, todos los días, en los que luce el sol y en los que llueve, como si se fuera a acabar el mundo. Lo decía Paulo Alonso en su artículo: Alex Bergantiños representa todo lo que hoy escasea en el fútbol convertido en circo y parafernalia: «No conduce un deportivo, ni luce tatuajes, ni cambia de peinado cada semana. Tampoco tiene redes sociales, ni una vida que prostituir en público, ni vanidad para venderse con discursos tribuneros de abrazo fácil». Pase lo que pase esta noche, Bergantiños va a ser el nombre más coreado en las hogueras. Es un ejemplo a seguir. Su actitud cuando tuvo que emigrar fue ejemplar. Muy de gallegos. Como lo fue al regresar. Lo de él es el trabajo en equipo. El equipo por encima de todo. Justo lo que tiene que hacer el Dépor en Son Moix si quiere ascender. Jugar como un equipo. Juntos, apoyándose unos en otros, sin vanidades absurdas. En las empresas, en las casas, debería ser así. Jugar como si hubiesen perdido en Riazor. Salir a por todas. Tener en la cabeza esa imagen terrible de Alex Bergantiños partiéndose la cara literalmente por todos. Recordar como la afición se dejó la calma y el alma en casa contra el Málaga y contra el Mallorca, en un espectáculo inolvidable y ensordecedor. El latido de los corazones se escuchó como tambores. Solo así el sueño se cumplirá. Lume. Si los once que salgan saben sufrir durante 90 minutos, el equipo volverá a ser de Primera. Jugar como gallegos, ese pueblo que no cree en nada que no sea trabajar, trabajar y trabajar de nuevo, por si acaso. Subirá el que corra un metro más que el rival. El que se comporte como mariscadoras de la ría bajo una tormenta. Once Alex Bergantiños y una medalla Castelao para él.