La muerta de Alcalá


La muerte fue en su día la excusa para poner en marcha uno de los programas de entrevistas más originales y tétricos de cuantos han existido en televisión: Epílogo, de Canal+. Allí el protagonista hablaba a título póstumo de su paso por la vida con la garantía de que sus palabras se emitirían únicamente una vez que hubiera cruzado al otro lado, inmune ya a posibles repercusiones terrenales. Una oportunidad para saldar cuentas, dejar un buen recuerdo y normalizar el tránsito final. El programa se hacía dentro de un salón vacío con una silla y una puerta que señalaba el camino hacia la luz.

Hace mucho que se emitió el último Epílogo, pero el canal #0 recupera la idea de la defunción como excusa con El cielo puede esperar. Cada semana se finge el deceso de un finado ilustre para que este pueda observar su propio funeral desde la pantalla plana del purgatorio. En un formato que combina homenaje y humor negro, Leiva, Ana Belén y Arturo Valls se han prestado hasta ahora al experimento sin pizca de aprensión. En el velatorio de Ana Belén la risa fue el mecanismo de defensa ante el destino. Lo decía en su panegírico el escritor Edu Galán: mírala, mírala, la muerta de Alcalá. Resines pedía un funeral de Estado con coche de caballos incluido. Y Víctor Manuel aseguraba que ya negocia con Rosalía para cubrir la vacante de sus giras en pareja.

Conoce toda nuestra oferta de newsletters

Hemos creado para ti una selección de contenidos para que los recibas cómodamente en tu correo electrónico. Descubre nuestro nuevo servicio.

Votación
1 votos
Comentarios

La muerta de Alcalá