Un accidente de tráfico es siempre inesperado y de gran impacto emocional para los afectados y para la sociedad en general. En la adolescencia tenemos un escaso contacto con procesos de pérdida, lo que hace que las circunstancias que rodean cualquier accidente sean más complicadas aún de asumir, especialmente si sobrevives al suceso que ha provocado el fallecimiento de tus compañeros y amigos que comparten tus mismas vivencias e intereses. En esos casos es muy importante que sus seres queridos de referencia hablen con ellos. Si les mentimos o evitamos decirles lo que sabemos aparecerá una desconfianza hacia nosotros porque pensarán que no confiamos en ellos y que les mentiremos siempre.
Tras un hecho traumático, las reacciones son distintas, según las edades y experiencias. En todo caso, debemos proceder explicando reacciones, observando, dejando que se expresen, y sin mentirles. Algunas de las manifestaciones más visibles pueden variar entre ira, irritabilidad, comportamiento asocial, hermetismo, bajo rendimiento académico o aislamiento.
Desde esa verdad, debemos ayudarles a poner nombre a todo aquello que están sintiendo y a elaborar la culpa para que puedan realizar también su propio proceso de duelo. Como adolescentes, ya de por sí se encuentran en una edad compleja evolutivamente; si se añade un suceso de alto impacto en el que fallecen amigos o incluso del que son los responsables, surge lo que se conoce como la culpa del superviviente. Pensamientos como «tenía que haber muerto yo» o «si hubiera hecho…» Todo esto responde a una sintomatología traumática que puede ser normal en el momento del accidente, pero debemos trabajar cuanto antes las creencias que se derivan de que se podría o se debería haber hecho algo diferente en el momento en que ocurrió el suceso.
Como profesionales de la psicología, encontramos varias estrategias de afrontamiento que pueden ayudarles a sobrellevar este dolor y a continuar con su vida. Tenemos que facilitarle al menor que hable sobre lo sucedido y así ayudarle a integrar esta experiencia, incidiendo en que ha sido un accidente y, por lo tanto, está fuera de nuestro control. Retomar la rutina normal en cuanto sea posible también es necesario, aunque quizás no tenga ganas de salir de casa o ni siquiera de darse una ducha, pero le ayudará a recuperar una sensación de normalidad y a regresar a las actividades de las cuales solía disfrutar. La actividad es uno de los mejores recursos.
Además, como proceso de superación de la culpa puede ayudar el pedir perdón a las familias de las víctimas, en el caso de la persona responsable del accidente, y también puede ser un consuelo para las familias.