Este texto no contiene spoilers. La frase parpadea en la pantalla, en la que se amontona una y otra vez un nombre de lugar. Alcàsser. Es imposible, ¿qué spoiler va a quedar sobre un crimen que enterró al periodismo en los escombros? Que convirtió las televisiones en estercoleros, lodazales de detalles morbosos en los que se revolcaban, felices, los que hacían caja con el dolor ajeno. Aquel crimen lo cambió todo. Una jaula, una dentro de otras tantas, para las mujeres. Para las niñas que crecimos con el terror incrustado en el cerebro. A casa. Las calles no te pertenecen. Toñi, Míriam. Desirée. Recuerda a las tres. Ni se te ocurra subirte a un coche.
Aquel crimen que nunca se fue ahora vuelve, pero vestido de serie. Otra vuelta de tuerca en el amplísimo catálogo del true crime con el que se abastece Netflix. Una oportunidad para enmendarse. Para pedir perdón por haber ensuciado un oficio noble como este. Para pararnos a pensar, de nuevo, qué se cuenta cuando se cuentan los crímenes. Especialmente los de mujeres. Para reflexionar sobre si tenemos que ser transmisores de un sufrimiento que todavía hoy permanece. Aquí sigue. Indeleble. Una manera de devolverle un poco de dignidad a aquellas tres niñas de las que se decía que habían sido unas irresponsables. Como siempre. Como si hubiese que repartir la culpa del único culpable: quien las condujo hasta la muerte.