Amancio Ortega y los extraterrestres


Otelo Saraiva de Carvalho, impulsor primero de la Revolución de los Claveles y líder luego de la extrema izquierda portuguesa, y Olof Palme, a la sazón primer ministro sueco y figura del modelo de socialismo escandinavo, se encontraron en una ocasión tras el cambio en Portugal. Palme preguntó entonces a Saraiva cual era el objetivo de su revolución, a lo que el portugués respondió con claridad: «Queremos acabar con los ricos». La réplica de Palme expresó el abismo que los separaba: «Es curioso, nosotros aspiramos a acabar con los pobres».

Un abismo entre ideas políticas fuente de mundos antagónicos. Por un lado, el socialismo estatalista que se practicó en los países del Este y aún hoy, para desgracia de sus poblaciones, en Cuba o Venezuela, origen de una miseria aterradora en lugares donde solo la nomenklatura gobernante disfruta de ventajas de las que está excluido todo el mundo. Por otro, el socialismo escandinavo, donde potentes políticas públicas de protección social, salud y educación se combinaron con una economía libre de mercado y la iniciativa privada generadora de riqueza, para crear los Estados sociales más avanzados de Occidente.

La inquina de Podemos contra uno de los empresarios que suscita mayor admiración en todo el mundo, Amancio Ortega, quien, desde cero, y solo con su esfuerzo y el de los excelentes equipos humanos de los que ha sabido rodearse, creó un emporio que da trabajo, directa o indirectamente, a cientos de miles de personas, solo puede explicarse por la cósmica confusión ideológica de los dirigentes de un partido cuyo odio hacia el éxito, el esfuerzo y la riqueza resulta de una extraña mezcla de izquierdismo de salón (ese odio no impide a Iglesias comprarse un gran chalé) y de bíblicos prejuicios: «Porque es más fácil pasar un camello por el ojo de una aguja, que entrar un rico en el reino de Dios» (Lucas 18:25).

Pero esa inquina, mezcla de la envidia malsana y del peor resentimiento, ha llegado a un punto de auténtico delirio, que convierte en unos extraterrestres a los dirigentes de Podemos. Isabel Serra, candidata a la Comunidad de Madrid y el propio Iglesias han criticado a Amancio Ortega por haber donado 380 millones de euros (¡más de 53.000 millones de las antiguas pesetas!) a la sanidad pública española para la compra de aparatos destinados a la detección y el tratamiento de tumores. Un gesto extraordinario de generosidad y solidaridad que, en línea con lo que sucede en los países más avanzados del planeta, solo puede generar reconocimiento social y admiración.

Por ignotos motivos, Podemos y sus confluencias están en contra de ese tipo de donaciones, que tildan de limosnas. Por tanto, deberían aclarar que sus alcaldes y, si es el caso, presidentes regionales no las aceptarán en ningún caso si llegasen a ofrecérselas. Para que así quienes han de votar el próximo domingo sepan con certeza a qué atenerse.

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