¿Fotosíntesis artificial?


Él holandés Bernard Feringa, premio Nobel de Química en el 2016, ha dejado reflexiones interesantes durante su reciente visita a Galicia. Una de ellas tuvo que ver con el proceso más importante para la vida en la Tierra: la fotosíntesis. Las plantas absorben el peligroso CO2 de la atmósfera y, con la luz del Sol y agua, forman materia orgánica (de la que podemos alimentarnos). Estamos hablando de un proceso que, controlado, curaría al mundo de muchos de sus males. Por un lado, una planta es una máquina que convierte la energía del Sol en energía química y, por otro, es una fábrica de materia orgánica que usa como materia prima un gas que es un problema medioambiental (el CO2 es el mayor responsable del calentamiento global por efecto invernadero).

Feringa ganó el Nobel por el diseño y síntesis de máquinas moleculares artificiales; las plantas tienen máquinas moleculares naturales, así que la pregunta obvia es: ¿por qué no se copia el proceso de fotosíntesis de las plantas para realizarlo a nivel industrial? La respuesta: por un lado es muy difícil, pero por otro, el diseño que ha conseguido la naturaleza tras cientos de millones de años de evolución no es óptimo. La eficiencia energética de la fotosíntesis (fracción de energía usada respecto a energía recibida) es solo del orden del 1 % y tenemos que aspirar a más. La lección: Feringa cree que debemos inspirarnos en la naturaleza, no copiar la naturaleza. No somos capaces de reproducir la magia de un pájaro, pero hemos creado aviones y, después de todo, viajamos en aviones y no montados en águilas gigantes.

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