Sánchez, presidente


Hace menos de un año nadie daba un euro por que Pedro Sánchez llegara al Gobierno por la fuerza de los votos. Tenaz y resiliente, hoy procede felicitarle por jugarse el todo por el todo confirmando que la moción de censura no fue un error ni una anomalía democrática, como afirmaban la oposición política y mediática. Pasará a la historia por ser el primer presidente sin escaño, con un Ejecutivo feminista y capaz de sobrevivir con solo 84 de los 350 congresistas. En solo diez meses su Gobierno trajo mejoras sociales llamativas como la subida del salario mínimo, impensables en los gobiernos anteriores. Las elecciones pasan factura al PP tras un recambio de liderazgo hacia el pasado aznarista, dejando de ser la casa común de la derecha española y permitiendo la pinza Ciudadanos-Vox. Preparémonos a escuchar los debates más agrios protagonizados por estas otras dos derechas desde la cómoda posición de no tener que apoyar a nadie para gobernar.

Un escenario importante, pero más tardío, será el gallego con las autonómicas dentro de un año y medio durante el cual, Alberto Núñez Feijoo podría jugar un papel relevante ante la necesaria recomposición del Partido Popular.

En Galicia, además, se confirma lo caro que pagan las fuerzas a la izquierda del PSdeG su inexplicable división, con el derrumbe de las Mareas como opción política influyente en la política española y la incapacidad del BNG para recuperar su voz en este espacio, mientras el socialismo gallego vela armas ante las próximas autonómicas con una esperanza creíble de volver a gobernar.

La convocatoria electoral por el bloqueo de los nacionalistas catalanes a los primeros presupuestos del Gobierno saliente, deviene en la paradoja de un posible pacto PSOE-UP-ERC para la investidura. Será una gran novedad la negociación con Junqueras en prisión y una pésima noticia para un Puigdemont derrotado en su propio Waterloo. La España de las autonomías de la Constitución del 78 se ha radicalizado hacia una plurinacional y no parece que la nueva legislatura sea la más adecuada para su reforma. El Gobierno, con sus apoyos parlamentarios, tendrá que atender a la prioridad de la cuestión territorial y sacar tiempo y talento de la chistera para, a la vez, reducir el déficit público y asegurar las políticas sociales, esa especie de oximorón cuya fórmula, hasta ahora, nadie puede asegurar.

Lo de un hipotético pacto PSOE-Ciudadanos murió asfixiado por un cordón que Rivera se puso, él solito, al cuello. Y por la memoria de elefante de Sánchez que recordará, sin duda, lo que le costó obedecer al viejo aparato de su partido cuando le exigió unir su destino con el partido naranja. Por cierto, tengo la impresión de que Tezanos seguirá al frente del CIS. Él también ganó.

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