Vámonos de crucero


¿Qué día es hoy? ¿Recuerdan la escena? Santa (Javier Bardem) y José (Luis Tosar), recostados en la cubierta del catamarán que cruza la ría de Vigo, un lunes cualquiera de aquellos duros años de la reconversión, cuando, para entrar en la Unión Europea, España acató la orden de sacrificar a su pujante construcción naval. Era un sector obsoleto y sin futuro, dijeron entonces los verdugos disfrazados de políticos, para justificar la masacre de miles de puestos de trabajo y el cierre de instalaciones industriales. Fue una estocada casi mortal. Pero el sector, referente mundial durante décadas en la construcción de los pesqueros más modernos (auténticas factorías flotantes), se reinventó, y salió adelante con más fuerza, entrando en segmentos nunca antes vistos en las gradas de los astilleros gallegos, como los ferris (vehículos y pasajeros) de gran eslora para las principales navieras, los buques oceanográficos o las novedosas y complejas unidades de apoyo a plataformas petrolíferas.

La industria naval brillaba de nuevo, la cartera de pedidos sumaba varios miles de millones de euros y Europa, una vez más, decidió no consentirlo. En el 2011 declaró la guerra del tax lease y durante casi cinco duros años, los astilleros gallegos estuvieron fuera del mercado acusados injustamente de haber recibido ayudas de Estado, como así lo reconoció el alto tribunal de Luxemburgo.

El golpe fue brutal. Más de 10.000 empleos perdidos, astilleros malvendidos o cerrados, centenares de empresas auxiliares en quiebra. Y milagrosamente, o más bien por pura cabezonería, una vez más el sector ha logrado salir adelante. Ahora la industria naval privada, con Barreras al frente, al que pronto se sumarán otros astilleros con nuevos contratos ya cerrados, compite en la élite del segmento estrella de la construcción naval: el de los cruceros premium, una división que, de aquí al 2027, ya tiene en reserva la contratación de 120 nuevos buques, según el informe anual del 2019 Cruise Industry News.

Pero el esfuerzo de los astilleros gallegos, capaces de ganar concursos internacionales a los que concurren gigantes del sector de todo el mundo, puede verse truncado por algunas debilidades, como la falta de mano de obra cualificada (¿cómo es posible?) o las reticencias de los bancos a financiar operaciones tan caras.

Es la gran oportunidad de nuestros astilleros. Que ninguna mala gestión la estropee. Que ninguna falta de apoyo lo frene. El naval gallego tiene futuro, hoy más que nunca.

Conoce toda nuestra oferta de newsletters

Hemos creado para ti una selección de contenidos para que los recibas cómodamente en tu correo electrónico. Descubre nuestro nuevo servicio.

Votación
9 votos
Comentarios

Vámonos de crucero