La ineptocracia


El circo de la campaña electoral va desgranando perlas y actuaciones de todos sus protagonistas haciendo bueno el concepto acuñado por el escritor y periodista francés Jean D’Ormesson: la ineptocracia. La ineptocracia es el sistema de gobierno en el que los menos preparados para gobernar son elegidos por los menos preparados para producir y los más incapaces para triunfar, mientras que los más interesados y menos preparados para generar riqueza y procurarse su sustento son los grandes beneficiados del sistema, que los recompensa con bienes y servicios pagados con los impuestos confiscatorios e injustos que padecen y soportan los que producen.

Otra consecuencia de la ineptocracia es que el desconocimiento de la historia, la injusticia, el abuso, la corrupción y la torpeza de los que toman decisiones logran que partidos políticos nuevos y viejos desempolven doctrinas fracasadas como el comunismo, el populismo, el nacionalismo y el fascismo, abriéndose camino en sociedades que parecían haberse librado ya de estas plagas.

Fukuyama teorizaba el fin de la historia afirmando que las ideologías ya no eran necesarias -una vez caído el modelo comunista- puesto que estas habían sido sustituidas por la economía liberal triunfante. Está claro que se equivocaba, basta con mirar cómo está el patio para darse cuenta de que la historia no ha acabado, sino que continúa, pero no hacia un confortable futuro sin conflictos, sino regresando al más sombrío pasado de la mano de la ineptocracia que, no siendo capaz de pensar y construir un nuevo futuro atractivo para su pueblo, se entretienen desenterrando y falseando todo tipo de conflictos seculares -desde Franco a Moctezuma, desde Felipe IV a Company- en una estrategia casposa que solo apela a la emoción y al enfrentamiento de una grey de seguidores que piensan a golpe de tuit y conejos de Villarejo.

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