La hora de la razón


Los gobiernos e instituciones europeas se van dando cuenta de la irresponsabilidad que suponía la propuesta del señor Juncker de supresión del cambio de hora estacional en 2019, tras una encuesta web con graves deficiencias (votó menos del 1% de la población de la UE). Un dictamen del Comité Económico y Social Europeo le afea la ligereza con que tomó este asunto, ya que denuncia «límites importantes de método, plazos y contenido» y «lamenta que los gobiernos nacionales y la sociedad civil organizada no han sido adecuadamente consultados antes de publicar la propuesta de carácter urgente». Señala que «no hay clara unanimidad sobre las ventajas reales de la abolición del actual sistema armonizado y si sería preferible adoptar la hora de invierno o la de verano». Alerta también del riesgo de la «fragmentación del mercado interior» que se podría derivar de la aplicación de las medidas de supresión del cambio estacional de hora. Añade que, en el caso de que la evaluación de impacto de la supresión del cambio estacional de hora en 2024 fuese negativa, «una marcha atrás en tan poco tiempo sería inimaginable, tanto por los costes adicionales como por el impacto en la credibilidad de las instituciones europeas». Por último lanza un importante aviso: «La misma Comisión pone en evidencia que esta iniciativa se basa en una serie de estudios proporcionados por determinadas asociaciones y estados miembros que, sin embargo, no son coherentes o se contradicen entre ellos». No juguemos con la estabilidad horaria europea.

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