Con estos, Casado y Rivera sí pactan


A pesar de que ha decidido esconder a Abascal, que ya solo habla para convencidos, Vox sigue marcando la agenda política y mediática y las encuestas le sitúan por encima del 10%. Su irrupción en Andalucía fue una sorpresa mayúscula, en gran parte porque supo atraer el voto de protesta por el tema catalán. Además, sus dirigentes ocultaron hábilmente sus verdaderas intenciones y pensamientos. Los últimos fichajes y declaraciones de sus máximos exponentes han despejado ya cualquier duda. Franquistas, militares y civiles, ex de Fuerza Nueva, un historiador que sostiene que la homosexualidad es una enfermedad y cuestiona el Holocausto, al que Abascal designó sabiendo perfectamente quién era y cómo pensaba, pero se vio obligado a dimitir por el escándalo. Un número tres que aboga por prohibir partidos de izquierda y un líder que defiende que los particulares tengan armas para defenderse. Ya nadie puede llamarse a engaño porque se conoce de sobra lo que representa: la ultraderecha neofranquista, con tintes xenófobos, homófobos y excluyentes. Pero lo más grave es que Casado y Rivera también lo saben y, sin embargo, siguen dispuestos a pactar con un partido que defiende tales postulados. Ciudadanos ya no solo pone el cordón sanitario al «sanchismo», sino que lo acaba de extender en Madrid a Ángel Gabilondo, al que podríamos calificar como el colmo de la moderación, por «abrazar el independentismo». ¿Cabe mayor disparate? ¿O se trata simplemente de mentir como estrategia para tratar de que Voz no le devore? Casado y Rivera parecen no darse cuenta de que están alentando el crecimiento de la ultraderecha, asumiendo sus marcos de referencia, y que eso favorece a Sánchez.

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