El camarote local de los Hermanos Marx


Sondaxe ha hecho una foto fija, como corresponde a una encuesta. Pero vivimos un momento público tan complejo como un laberinto de Escher, tan similar a la escena del camarote de los hermanos Marx que se hace difícil echarle las cartas a estos datos. En la famosa escena de los hermanos Marx entran en el reducido espacio del camarote: las dos chicas que quieren hacer el cuarto, el plomero para abrir la calefacción, una manicura, el ayudante del plomero, la chica que busca a su tía Micaela, otra mujer que viene a barrer y hasta cuatro camareros con todo lo que Groucho pidió para cenar. Es entonces cuando se abre la puerta y todos caen hacia fuera. Así se encuentra ahora la política y así de apasionante será la pelea por el medido espacio electoral en cada concello. Las encuestas son cuidados paliativos para los que viven de la política y para todos los enganchados a las distintas marcas, partidos. O sea, los creyentes. Pero son los no creyentes, pero sí votantes, los indecisos, los que coquetean con varias propuestas, los que decidirán como César que levanta o baja el pulgar quién ganará. Y en especial, hoy en España, los datos demoscópicos hay que ponerlos en cuarentena. La foto fija de Sondaxe muestra tanta fragmentación del voto, tanta evolución hacia adelante que puede acelerarse o congelarse (la caída del PP y de las mareas, un PSOE diverso, la subida de Vox o la ralentización de Ciudadanos para la efervescencia que se le suponía a los naranjas) que obliga a esperar acontecimientos. Y, sobre todo, pone en valor, más que nunca, la campaña, que concluirá con la llave, el bastón o el bastonazo de los resultados reales. La crispación nacional, por desgracia, crecerá y contaminará el sentido común. Hoy mismo, lo veremos con la exhibición de Colón. Asuntos nada locales como el juicio del procés, donde no es detalle baladí el protagonismo que tentará Vox al ejercer de acusación particular, influirán en el ánimo. Pero son elecciones próximas donde la distancia corta, el aliento, es fundamental, tanto como llegar con los deberes hechos. Van a ser tres meses y medio entre la agonía o el éxtasis, si dejamos a un lado los monólogos de Abel en Vigo, Lores en Pontevedra y Evencio en Carballo. No cabe pontificar. Vivimos en la volatilidad. Fumamos sobre un barril de gasolina.

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