Buscando una «nueva frontera» para nuestro país, y tratando de conectar con un electorado que tradicionalmente ha mostrado sus querencias independentistas, izquierdistas, laicas y republicanas, Ana Pontón acaba de dar con la fórmula liberadora que andábamos buscando: una coalición ERC-Bildu-BNG, para Europa, que pronto nos va a permitir tener nuestro procés, nuestra lucha armada, y la liberación de una Castilla imperialista que nos oprime -tras un breve paso por el Reino de León- desde el año del Señor de 1230. El poeta Cabanillas, a quien Pío citaba como «el tío Ramón», lo dijo mejor que nadie: «Comestas polo tempo / xa afrouxan as cadeas, / irmáns asoballados / de xentes estranxeiras».
«Ahora República», que así se denomina la coalición, también nos ha de librar del rancio y confesional escudo -siete cruces, un cáliz y una hostia- que enseñorea nuestra bandera; y del «Deus fratresque Gallaecia», de Brañas, con el que los primeros nacionalistas gallegos -algo meapilas- quisieron emular al «Rex gensque gothorum» de Recaredo, al «Dios, Patria, Rey» de los carlistas, o al «Jaungoikoa eta Legi zarrak» de Sabino Arana. Se acabaron las monsergas y las procesiones, y en la política de Galicia solo habrá procés, república, solsticios y derecho a decidir.
Los gallegos vamos a tener el privilegio de poder votar, como líder, a Oriol Junqueras, quien, a pesar de ser un ferviente católico, porque nadie es perfecto, está dispuesto a liderar, desde Lledoners, la construcción de estructuras de Estado para Galicia.
Y en más de una ocasión se le ha oído decir que «si Puigdemont no me deja acceder a la presidencia de la Generalitat, no descarto presentar mi candidatura a la Xunta de Galicia, ya que rezarle a Santiago, que preside el Pazo de Raxoi, es lo mismo que rezarle a Sant Jaume, la plaza a la que asoma el balcón de la Generalitat».
¿Qué cómo me enteré de todo esto? Pues muy fácil. Estaba viendo la televisión, que el pasado viernes reponía El último cuplé, cuando escuché un grito de júbilo similar al que anunció el gol de Iniesta en el Mundial de Sudáfrica. Sorprendido otra vez por el patriotismo, y creyendo que Nadal había ganado el Open de Australia, cogí una bandera y salí a la calle para unirme a las multitudes. Pero no había nadie, y me quedé desconcertado. Hasta que un vecino me dijo que todo se debía a que la TVG había anunciado la firma del pacto «Ahora República», que los buenos gallegos estaban interpretando como el fin de la opresión de Castilla la Vieja -que ya no existe-, y el principio de una república liberadora, fuera de la UE, que nos va a permitir rebajar el peaje de la AP-9 y establecer una tarifa eléctrica por debajo del coste. «Por eso hay que vigilar -dijo- para que el clientelismo y la ignorancia de los gallegos del rural -ya sabes, los de Baltar y Cacharro- no frustren esta histórica oportunidad. ¡Gora Galiza Lliure!».