A primera vista me pareció uno de esos carteles revolucionarios de mujeres trabajadoras sacando bola, pero enseguida llegó el asombro al darme cuenta de que eran una analogía de Rosie -un famoso icono feminista de la Segunda Guerra- y que no sacaban bola arremangándose, sino que daban un rotundo corte de mangas.
Lo de las felicitaciones navideñas que mandan los autodenominados ayuntamientos del cambio empieza a necesitar un poco de sosiego. Al padre hay que matarlo pero no es obligatorio torturarlo ni humillarlo.
No es necesario vestir a los Reyes Magos de payaso, ni felicitar la Navidad con un jeroglífico que solo entiende su creadora, ni hacer un belén conceptual con sillas tuneadas; como tampoco tiene sentido convertir a los bonachones protagonistas de una fantasía navideña en un comando de mujeres amenazadoras.
No tengo ninguna duda de que a la señora concejala de Igualdade e Diversidade del ayuntamiento, la ocurrencia le resultó simpática y comprometida, ni que a sus «coleguis» les habrá parecido pedagógica y ejemplar, pero no pueden ignorar que para la inmensa mayoría resulta grosera e incomprensible en el contexto navideño.
¿Cómo se explican estas reinas magas a los niños que creen en los Reyes Magos? Estas reinas, ¿también vienen en camello, traen regalos y arrojan caramelos? O si has sido malo, simplemente te dan un corte de mangas y hasta el año que viene; si es que no viene una Mamá Noela boteriana vestida con chándal que te arree un moquete directamente.
No es bueno contaminar los mitos y las tradiciones, no cambia nada, solo se pierde historia y cultura.
Los Reyes Magos nada tienen que ver con el machismo ni la paridad, llevan dos mil años y llevan alimentando la fantasía de la infancia otros tantos. Son una ilusión, no una performance revolucionaria.
¿Pero no se dan cuenta de que estos rituales comunitarios son los que cohesionan la sociedad a la que sirven? Que no hay guerra que se gane sin treguas navideñas y que «las reinas magas no existen, idiota» -que diría el mosso-.
Plasmen sus ideas si quieren en medio de la plaza de María Pita con un grupo escultórico de su felicitación, pero no inscriban en el cenotafio: Sancti Magi laudatio ad A Coruña urbem, porque los Reyes Magos no son esas.
¿No encuentran estos concellos inspiración suficiente como para felicitar las fiestas de Navidad o del solsticio de invierno -que da igual- sin tener que seguir dando el mitin?
La ocurrencia de las tres sotas de bastos haciendo una butifarra tiene la misma gracia que felicitar el día de la mujer trabajadora con una postal del Fary, Bertín y Torrente tirando de paquete.
No tiene sentido, compañeir@s.