Petición a los Reyes Magos


Queridos Reyes Magos: sé que estáis a punto de llegar porque ya he visto los preparativos de recibimiento en la tele. Venís después de sufrir un asedio del republicanismo de Papá Noel y de Santa Claus, que todavía ignoro si son la misma persona, pero les ocurre lo mismo que a Vox: cada día tienen más seguidores y peticionarios de regalos, debe ser por la globalización, por el laicismo o por el populismo importado de algunas repúblicas. Pero yo soy muy monárquico de vosotros, los Magos, desde la más tierna infancia, aunque no me dejabais pegar ojo esperando despierto el fru-fru de vuestras capas o el bullicio de los pajes cuidando los camellos en la palleira.

El caso es que esta noche llegáis y hay otro espectáculo que no querré perder: antes de venir a mi casa, veré a alcaldes de izquierdas y a independentistas catalanes que os rinden pleitesía poco después o poco antes de proponer la abolición de la monarquía. Incluso estoy emocionado de escuchar a algunos militantes de Podemos y En Marea que, al despedirnos anoche, me decían: «Felices Reyes Magos» con toda naturalidad y celebrarán vuestra llegada mucho más que celebraron la llegada de los reyes de carne mortal a los fastos de la Constitución. Se nota que creen en vuestra monarquía porque es incluso más antigua que la británica. Y, sobre todo, porque traéis las alforjas llenas de regalos. Desde que los reyes de verdad no regalan nada, baja el entusiasmo monárquico.

Sé, queridos Magos, que estáis esperando mis peticiones y mirad: yo soy un niño algo mayor, desengañado y descreído, que ya no me atrevo a pediros ningún juguete. Pero sí os pediría algo inmaterial a vosotros que lo podéis todo. Os pediría y os pido que reguéis a este país con un baño de cordura. Creo que es lo que más necesitamos. Cordura para entender que España es una gran nación y no merece ser despedazada. Cordura para que se frenen y no se atiendan esos discursos que alimentan el odio político y que tan malos antecedentes tuvieron en nuestra historia. Cordura para no resucitar calificativos y ofensas que en épocas felizmente pasadas nos llevaron a sangrientos conflictos civiles. Cordura para entender que no tenemos que pensar todos igual y debe haber un sitio digno para cada pensamiento y cada disidencia. Y cordura en nuestros gobernantes: en esos que se creen en posesión de la verdad; en esos que invocan el diálogo, pero solo para imponer sus razones; en los que piensan en el disfrute personal del poder y supeditan el interés nacional a sus propias glorias… Sí, majestades: creo que esa debe ser mi petición de este año: un baño de cordura. Y pronto, queridos Magos; pronto: antes de que os tenga que pedir la construcción de psiquiátricos.

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