Que la defiendan ellos

Ernesto Sánchez Pombo
Ernesto S. Pombo EL REINO DE LA LLUVIA

OPINIÓN

Somos demasiado clásicos. Comenzamos el año como siempre. Con las uvas, el estriptis de la Pedroche, la subida de precios de los servicios básicos, balances de muertos en carreteras y por violencia machista y los discursos de los presidentes autonómicos que de un tiempo a esta parte les ha dado por contarnos lo bien que van sus comunidades y lo mal que está todo lo demás. La sanidad en Galicia, el crecimiento económico en Cataluña, la estabilidad social en Aragón y la prosperidad en Madrid fueron los logros destacados en estos mensajes. Que ya es destacar.

Y dentro de esa celebración convencional no ha faltado la defensa de la Constitución, como prolongación de lo que ya hizo Felipe VI. Como si fuésemos usted y yo los que la ponemos en peligro y tuvieran que advertirnos de los riesgos que corremos. Como si fuese una responsabilidad nuestra el haber llegado a donde llegamos y estuviese en nuestras manos rectificar el camino recorrido.

Hace ya tiempo que la Constitución, esa norma que nos dimos y con la que nos hacíamos tan felices, ha dejado de ser la Biblia de nuestra convivencia para convertirse en papel mojado. Y es así porque nuestras élites políticas, económicas y sociales la utilizan a su conveniencia. Se respeta lo que interesa y cuando interesa. Y se salta con todo descaro cuando conviene. La Constitución se desprecia desde el Parlamento hasta la sede de cualquier partido en el pueblo más remoto. Se adoptan decisiones a sabiendas y entre grandes solemnidades, que van contra ella. No pasa un día sin que alguien le arree un zapatazo para acto seguido acusar al contrario de hacerlo. Y si es necesario se reforma con nocturnidad y alevosía.

Patear la Constitución se ha convertido en algo tan tradicional como las celebraciones de salida y entrada de año. Como los discursos que nos lanzan nuestros señoritos diciéndonos lo bien que vamos, lo mal que tratamos la Carta Magna y la necesidad de defenderla. Que la defiendan ellos que son los que la están destrozando. Y que nos dejen de monsergas navideñas.