Personalidad compleja y rebelde


se quiera o no, el cristianismo está en la base de la cultura europea», dice el investigador, agnóstico, Antonio Piñero, aunque Los Evangelios no son libros de historia en el sentido moderno de historia científica. Jesús tuvo su dónde, estancia que contiene lo que toca la esencia del hombre, su proximidad y su patria, en donde el hombre se siente y mora consigo mismo; y su cuándo, momento del tiempo, agitado por lo que pasaba su alrededor, por las fiestas y los acontecimientos que conmovían a la familia y a la comunidad; atrapado en sus sueños y tocado por sus fracasos. No se sabe con exactitud el día de su nacimiento. La Iglesia eligió el 25 de diciembre para celebrar la Navidad porque era una fecha ya llena de significado y útil para vehicular un mensaje y, por otra parte, se superaba y llenaba de nuevo significado una referencia temporal ya existente. Que esta no sea la fecha exacta de su nacimiento no tiene teológicamente ninguna importancia.

Modernamente se conoce, cada día mejor, la persona de Jesús gracias a la historia, a la arqueología y la antropología cultural y social que sitúan a Jesús en una circunstancia determinada, en una sociedad de tradición oral que cultivaba la memoria. Jesús fue un judío fiel cumplidor de la ley que radicaliza algunos aspectos de la misma al tiempo que relativiza algunos preceptos rituales. La vida de Jesús, personalidad compleja y rebelde, está compuesta de alegrías desbordantes, penalidades hondas, dolores olvidados prendidos al rostro, azares pasajeros, silencios que gritan, soledades impenetrables como rodeadas de muros infranqueables. Su ascetismo es propio de las almas fuertes y entregadas. A veces daba la impresión de ser un lobo solitario que, ardiendo en deseos de realizar las más profundas aspiraciones del ser humano, necesitaba más espacio y más libertad.

Los rostros de Dios que más impactan son los rostros de los otros, alguien y no algo. Las palabras sin contenido son el vacío y las realidades sin las palabras adecuadas son ciegas. Seguir a Cristo, muy especialmente hoy, supone ser políticamente incorrecto porque ser correcto políticamente es admitir la connivencia con la corrupción. Vivimos un giro hacia la creencia basada no tanto en razones o proposiciones tenidas por verdaderas, cuanto en la relación, la entrega, la convicción y la adhesión del creyente al Misterio. Tal vez la esencia de la revelación se pueda reducir a la caridad, manifestada de manera diferente siguiendo los signos de los tiempos. El cristiano es uno más de la caravana de los buscadores del misterio de Dios. La Iglesia es una institución para vehicular y llevar a Jesús a todos los rincones, y debe deponer su talento a la escucha del hambre de Dios, de Cristo, del hombre de hoy.

Con la encarnación no entra Dios en el tiempo, sino el tiempo en Dios. La encarnación puso al alcance de los sencillos lo incomprensible de Dios que, a lo largo de la historia, inspiró páginas inspiradísimas y de altura vertiginosa. Cristo es la entrada del prójimo en mi vida, es la proximidad de la «silente indisponibilidad» (Rahner). Jesús creyó en sí mismo y en el ser humano y en él se mantiene viva una chispa de esperanza que sirve a todo el mundo como lugar de encuentro. «¡Qué misterio máis fondo!», exclama C. E. Ferreiro. La respuesta del hombre ante el pesebre no puede ser más que el sobrecogimiento, el anonadamiento, el asombro y la contemplación en silencio del silencio de Dios.

Por manuel mandianes Antropólogo del CSIC

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